Dulce companía

Sentido

Llevo varios días tratando de construir una imagen. Hay formas que se escurren como el agua de las manos, que no se dejan moldear, pero que están y que uno, a veces, hasta sueña con ellas. Cuando me pasa esto, suelo buscar en el silenció la oportunidad para tratar de ver mejor, para desentrañar el porqué de esa imposibilidad que me apabulla  Como si estuviera pescando. Si, creo que es eso lo que hago. Me quedo en la orilla de mi existencia, en silencio, mirando el mar, mientras imagino que de sus profundidades, vienen hacia mí, esas imágenes que necesito construir, para darle un poco de sentido a este tiempo que me toca vivir.


Destino


No podemos hacer nada por usted, me dice ella, mirándome con sus ojos cansados. Si quiere le tomo el reclamo y cuando la encontremos se la enviamos a su domicilio, es lo mejor, estamos desbordados y esto no parece que fuera arreglarse, me sugiere y yo, me sonrío, con esa risa del desconsuelo. Intenta consultar una vez por teléfono, pero esta vez no la atiende nadie. Agacha la cabeza, hace como si fuera a tomar nota en un formulario y se queda en silencio esperando. Pienso en preguntarle si es seguro que envían las valijas a domicilio, pero no puedo hacerlo, no puedo hacer ni decir nada, solo asumir que estoy varado en este aeropuerto y que –con o sin valija- mi destino como pasajero, es tan pasajero, que no está en manos de una aerolínea…

No habrá ninguna igual

La celebración del pasado puede ser una obstinada desestimación del presente. El tiempo hace pagar -cuando ya es definitivamente tarde- ese desprecio. (Una subjetividad que se inventa, Once,49)