Dulce companía

miércoles, agosto 17, 2011

Textual XI

Pasaron dos semanas y nadie apareció con su paga. Una tarde el Pelado, lo esperó a la salida de la escuela. Lo acompañó hasta su casa. Le dijo que las cosas se habían complicado. Que alguien se había metido con la yuta y que estaba todo mal. Que un pare de tipos se habían metido en la casa del segundo jefe de la regional y que habían maltratado a la mujer de este. Que ahora la policía estaba buscando a los tipos para hacerlos boleta. Que se había terminado el negocio. Que ya no podían contar más con el apoyo de algunos muchachos de la fuerza, porque el tema había hecho tanto ruido que estaban casi todos pasados a disponibilidad. El fin de semana no salió de su casa. Estaba tirado en su cama haciendo zapping cuando se cruzó con la noticia. Delincuente muere en enfrentamiento policial, decía el titular del noticiero y de fondo se veía la foto del tipo con el que había trabajado todos estos años. Se levantó, acomodó un poco de ropa en un bolso. Sacó el fajo de billetes de la valija y se cruzó a la casa de su vecina. Mire abuela, dijo y se dio cuenta enseguida de que había metido la pata. La abuela estaba prácticamente ciega desde hace ya bastante tiempo. Voy a estar unos días afuera, le dijo, mientras sostenía con  sus manos tibias, las de ella, totalmente frías. Dorita la va a cuidar, cualquier cosa, yo tengo su teléfono y la voy a llamar. Es solo por poco tiempo dijo y se aguantó para no llorar. Vaya hijo, vaya, balbuceó ella, yo voy a estar bien, cuando vuelva lo voy a estar esperando aquí como siempre. Y él, ya no pudo sostener la mirada, se dio media vuelta, le entregó algo de plata a la vecina y salió, convencido de que ya nunca volvería a estar con su abuela.

2 Dicen:

Winnie0 dijo...

Qué triste la despedida de la abuela!!! bss

Lao dijo...

Que tristeza! ¿que habrá intuido la abuela? Saludos