Dulce companía

Composición

Es solo una flor más me digo. Pero está ahí, en el lugar indicado, para resaltar sus colores con ese fondo azul que se pierde en la distancia. Y es entonces cuando adquiere otra dimensión. Cuando pasa a ser más que una flor, cuando la empieza a percibir como una composición y a darse cuenta que sin ella, puesta ahí como la podemos ver, el paisaje no sería igual.


Nostalgia

Cuando siento que ya no me queda lugar en tierra firme, salgo a remar. Es como huir de esa multitud de almas que se han puesto de acuerdo para llegar todas juntas y ocupar cada centímetro de esta bendita ciudad. Y a los deseos de que se sientan bien, a las ganas de atenderlos, se le suman esos sentimientos contradictorios de quien se siente extraño en su lugar. Y es ahí, cuando aparecen esas ganas de recuperar soledad, esa nostalgia por ese tiempo que ya fue y que irremediablemente no volverá.


Respirar


A veces es mejor parar, recostarse, en el primer lugar que se ofrezca, generoso, para horizontalizar tu existencia, para salirte –aunque sea por unos minutos- de esa postura tan vertical, del que avanza, aunque no sepa para donde va. A veces, es mejor desplegar nuestra humanidad sobre un un frío bloque se cemento, que nada tiene para decirte  y solo respirar.


Patagonia

Si no soplara viento, este lugar, sería espectacular, dice un visitante y yo pienso que si no soplara viento, si no nevara torrencialmente, incluso, si no temblara, este lugar no sería PATAGONIA.


Naturaleza y arte

El cielo de El calafate, a veces, cuando atardece, se enciende y te sorprende. Los fuertes vientos del pacifico, que se dan contra esa gran muralla que es nuestra cordillera, pasan y en su pasar, provocan un revuelo de nubes que se muestran de inimaginables formas. En esto, como en tantas otras cosas, no hay con que darle a la naturaleza. Ella juega con las formas, los colores y los movimientos sin prejuicio alguno, como seguramente solo pueden hacerlo los verdaderos artistas.



Símbolo


Ya no se lo encuentra tan seguido. De ser la insignia más importante de tantas generaciones, de pasar a ser la divisa más atractiva del mercado, de estar como un emblema tatuada en tantos cuerpos, ya no se la encuentra tan seguido. Tal vez, sea solo un síntoma de cómo hemos naturalizado la violencia, de cómo nos resulta más fácil ver una película de guerra que una que hable del amor, de aceptar –sin que nada nos conmueva- la vigencia de un mundo sin paz.


Cambios


En gran parte de mi existencia, el poder mirar fue más que importante. Ver para creer era la consigna y se respetaba a rajatabla. Por razones que desconozco, mi vista comenzó a menguar y entonces, el olfato empezó a ser importante. Te podía respirar en la distancia y saber –sin que medie explicación alguna- cuando algo olía mal. Últimamente, estoy como más sensorial. Puedo percibir si hay onda o no. Ya no necesito fijar la vista, ni aspirar profundamente, solo dejarte venir, y dejar que ese sensor que anida en mí interior, avise, si puedo contar con vos o si debo cuidarme de vos.

Comunicarse


El hombre ha desarrollado múltiples formas artificiales de comunicación. La sensación que tengo es que el uso de las mismas nos ha distanciado a las personas entre nosotras y con las demás especies de la naturaleza.

Palabras


Nunca pierdas la capacidad de sorprenderte, practica la contemplación, préstale atención a cada momento de tu existencia; la naturaleza, la humanidad, el mundo en el que vivimos, siempre tendrá algo que despertará tu entusiasmo, tu admiración. Busca también tu sorprender, huye de las rutinas que empobrecen y que solo sirven para hacerte previsible, controlable, útil para el mercado. Siempre recuerdo esas palabras. Me las dijo una vez mi amigo Juan y han sido muy significativas para mi existencia.