Dulce companía

Plata

Ansiedad de mí, siento, dijo la chica que atiende la panadería mientras envolvía las medialunas. De no poder encontrarme. De terminar con mi existencia desparramada en la cama como si fuera una frazada que no cubre a nadie ya con su calor. Son veinte pesos, dice y se queda esperando que busque en mi bolsillo la plata para pagarle.

Entender

Hagamos como si fuera un juego. Aflojémonos un poco y pensemos en cualquier cosa. La vida está resultando bastante complicada como para tomársela en serio. Y encima, si te pones serio, puede que con ello solo la estés arruinando un poco más ¿Qué no me entiendes? Bueno, el no entender puede ser un buen síntoma. Puede hacer bien el no entender o por lo menos el aceptar que hay cosas que escapan a la comprensión de uno. Yo a veces tampoco te entiendo, pero hago como si nada.


Distraída

No te preocupes, dijo, ella suele andar así, como distraída de esta vida. Uno puede ir dando clarinadas como tero y ella hará como nada. Hubo un tiempo en el que tuve la ligera sospecha de que algún problema la acuciaba o que –tal vez- acarreaba alguna sordera o miopía de niña que le impedía darse cuenta de mi estruendoso pasar. Pero no, nada de eso parece ser. Dijo esto y se quedó pensativo, refregándose el mentón con la mano, con la mirada un poco triste de quien arrastra una nostalgia de esas que ya pintan a melancolía.  


Vivo

Demasiada controlada tu vida, me dijo, con esa voz que casi parecía un susurro. Tienes que soltarte un poco, dejar que las cosas pasen, soltar amarras sin tener que andar hurgando en los pronósticos que anticipan tormentas. Las tormentas más bellas, las que más nos enriquecen, son aquellas que no esperamos, que no sabemos que vendrán, que nos toman por sorpresa. Ahí se aprende en serio a vivir, insistió, ahora con un tono más imperativo. Eso sí, dijo, ahora en un tono más reflexivo, ten en cuenta que la mejor tormenta es aquella de la que sales vivo.   


Letra por letra

¿Cómo haces para escribir tan bien? le  pregunté mientras repasaba esos textos escritos en un ajado cuaderno que funcionaba como bitácora de viaje.

No es muy complicado, dijo,  lo hago como todo el mundo: letra por letra.