Dulce companía

Respirar

Respirar, de eso se trata la vida, dijo eufórico como si estuviera anunciando la buena nueva. La gente se ha olvidado de lo básico, está tan ocupada en llenarse los bolsillos, la panza y los hogares de cosas que no tienen sentido, que ha dejado de lado, algo tan simple, como es el hecho de respirar. Respiro y luego existo, insistió ahora, dándole a sus dichos un tono filosófico.

Yo seguí manejando. Soportando esa arenga sin que se notara lo insoportable que me resultaba escucharla. Pensando en cómo hacer para taparle la boca. Inhalando y exhalando por nariz para mantenerme tranquilo.

Aura

Repetía, todo el tiempo, que nada la haría cambiar de idea. Yo soy así, nací así y voy a morir así, decía cada vez que alguien lo cuestionaba por lo acotado de sus pensamientos. Yo, agregaba, no necesito cambiar, soy feliz así. Y uno se quedaba mirando por la ventana para evitar una discusión sin sentido.

El día de su sepelio, nadie quiso hablar para despedirlo. Algunos por respeto a sus convicciones. Otros por comodidad, para no tener que esforzarse en pensar algo que valiera la pena decirse. Y otros, tal vez los más, por temor. Déjenlo irse así, me dijo un amigo, en silencio, no vaya a ser cosa que, al decir algo, vayamos a incomodar a ese aura que aún anda dando vueltas entre nosotros.