Dulce companía

Miedo

Hay noches en las que siento miedo, me dijo. Siento que, cuando calma el viento y todo se aquieta y llega el silencio nocturno, no voy a poder soportar ese momento. Dijo esto y se quedó mirando como empezaba un nuevo día. Mientras preparaba unos mates pensó en qué sería de nosotros sin el miedo, cómo despertaríamos de una noche sin pesadillas, en quién pensaríamos si no necesitáramos encontrar seguridad, si lo poco que nos queda de fe no se terminaría disipando, evaporando, abandonándonos como quien deja a un ser omnipotente.


Panfleto electrónico

La verdad, aunque sea relativa, no necesita del panfleto. Cuando me propongo decir lo que pienso o creo de otra persona, lo hago siempre con la convicción de que estoy expresando una verdad o, por lo menos, lo que creo que es mi verdad. Después, me atengo a las consecuencias.

Cuando inicie este blog, hace ya casi una década, muchas de mis opiniones o verdades relativas, molestaban a los que sentían cuestionados por ellas; pero todos sabían quien las decía, incluso sabían desde que lugar las decía.

Nunca necesité camuflarme, esconderme o lo que es más triste, disfrazarme de otro para decir lo que pensaba.

El panfleto, que dejó atrás el papel para volverse electrónico, cuando afirma algo sobre cualquier persona, amparado en el anonimato o en una fachada falsa, no se propone decir una verdad. Se propone, como lo hizo históricamente el panfleto, injuriar impunemente.


Debe ser por ello que no siento la necesidad de contrarrestar nada de lo que panfletariamente se diga de mí y que, ateniéndome a las consecuencias, ratifico todo lo que en este blog he venido diciendo y que, aunque haya pasado el tiempo, pareciera interesar e inquietar a algunas personas.  

Atardeceres

Atardeceres largos, luminosos y con algo de viento que sigue dando vueltas, a veces como un caballo espantado que no encuentra calma, otras, como si arrullara la existencia de un ser que duerme apacible tendido en el pasto.


Lecturas


Nada

No voy a decirte nada. Hambriento de palabras que no encuentro para decir cosas que no alcanzo a sentir, mantengo mí orgullosa postura de no decir nada.


Solo

No vuelvas. Atrás no hay nada que valga la pena. No avances. El paraíso es una promesa para los que tienen fe, es también -si se quiere-  una respuesta para los que no se preguntan nada. La angustia por el futuro es el cebo con el que engañan a los desesperados. Prueba quedarte un rato ahí. Fuera de ti mismo o de eso que algunos  creen que eres. Aprovecha que no hay nadie a quien ofrecerle el triste espectáculo que has hecho de esto que llamas vida y deja de actuar. No hay aplausos. No hay reproches. No hay indiferencia. Estar solo, tiene sus ventajas.