Dulce companía

Egoismo

Hoy no paró ningún colectivo. No bajo ningún contingente de atolondrados fotógrafos buscando llevarse, en los pocos segundos que les dura la parada, un registro de este paisaje. Hoy, pude volver a escuchar el murmullo de la bahía. Un murmullo de vida y de alegría que llega hasta la costa como un susurro. Hoy disfruté del egoísmo de sentirme lugareño en este lugar.

Viento

El viento, a esta hora de la tarde, amaina un poco. Estuvo soplando gran parte del día, a veces furioso, otras no tanto, pero siempre presente. Los ruegos de mucha gente para que pare parecen insuficientes. No hay Patagonia sin viento, pienso y bajo hacia la bahía, encuentro un refugio y me quedo, mirando el paisaje.

Quietud

No sabía qué hacer. Sí seguir así, indiferente, dejando pasar el tiempo -como si alguna vez hubiera creído en eso que su abuela repetía, cada vez que se peleaba con un pariente, de que el tiempo lo curaba todo- o levantar vuelo. La abuela también creía que la  quietud te aproximaba a la muerte, pensó y movió un poco sus alas. Pero no estaba acostumbrada a volar sola. Necesitaba del aleteo del otro para impulsarse.