"Enero de 1520. Sufrimos una terrible tempestad en medio de estas islas, durante la cual los fuegos de San Telmo, de San Nicolás y de Santa Clara se dejaron de ver muchas veces en la punta de los mástiles, y al desparecer, al punto se notaba la disminución del furor de la tempestad. 19 de mayo de 1520. Puerto de San Julián. Alejándose de estas islas para continuar nuestra ruta, llegamos a los 49º 30" de latitud meriodional, donde hayamos un buen puerto, y como el invierno se aproximaba, juzgamos a propósito pasarlo allí."
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña