Cuando vino al mundo la llamaron Témpora Aristela Ríos. Dicen que las Témporas nos hablan de las estaciones climáticas; que se acostumbraba a calcularlas para saber cuándo sería el mejor tiempo para la siembra. También leí que se la asocia con la sien, es decir con la inteligencia o esa capacidad de razonar que nos diferencia del resto de las especies. Hasta no hace mucho, las Cuatro Témporas figuraban en el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, indicando los tiempos de ayuno, de plegaria y de penitencia. Hacer Témporas significaba hacer una pausa para agradecerle a Dios los beneficios recibidos. Y Témpora es un poco de todo eso: siempre laboriosa y a la vez respetuosa de la Pacha que todo nos da; reflexiva y a la vez comprometida con su fe en Dios. Si hay alguien en esta tierra que pueda dar fe de ayunos, plegarias y penitencias, seguro, es Doña Témpora Ríos, como la reconocen en Corral Quemado. De esos ríos que acostumbran a inundar los surcos, recorrer acequias, como Jos...
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña