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Mostrando las entradas de febrero, 2011

Vueltas III

 —Vas a cobrar un sueldo por mes —reiteró su tío— libre de gastos. A esa plata se la podés mandar a tu mujer. Pasaron tres años. Más de una vez pensó en traer a su familia con él. Pero las nenas son muy chicas. Y si bien la vida en el campo tiene cosas lindas, hay semanas en las que el viento y el frio lo hacen todo insoportable.   Hoy, como casi todos los días de mayo, el día pinta apacible. Frio sí, pero con sol y sin viento. Siente el ladrido de sus perros y se levanta. Encenderá la cocina a leña con algunas brazas que quedaron de anoche. Se tomará unos mates. Preparará su caballo y, junto a sus perros, irá hasta el corral, en donde esperará a su patrón y al resto de la peonada. Las vacas viejas, los novillos y las vaquillonas que no están preñadas, serán cargadas en el camión jaula y llevadas al matadero. Las demás, volverán a la vega. adonde pasaran el invierno. Al final de la jornada, buscará su bolso con algunas pilchas, cobrará la mensualidad y le ped...

Vueltas II

Está previsto que hoy terminen con los trabajos. Mañana emprenderá el regreso hacía su pueblo. Allí lo esperan su mujer, sus dos hijas y unos tres meses en lo que todo será felicidad. Pero regresa solo. El caballo y los perros se quedan en el campo. El único temor que le rondará será que a sus animales les suceda algo grave. Que el invierno se presente más duro de lo acostumbrado. Que, como ocurrió en el 94, la nieve tape hasta los techos de las estancias, sepultando todo. Que los operativos de rescate se lleven a los hombres y mujeres, dejando a los animales por semanas solos en el campo. —Es muy feo, eso de quedarse solo, a la buena de Dios —piensa y la imagen de su familia le da vueltas por la cabeza. ¿Cuánto tiempo anduvo él a la buena de Dios? ¿Cuánto tiempo aguantó su compañera viviendo- si se puede decir a eso vivir- con lo justo? Hasta que vino al mundo su primera princesa. Ya no podía seguir así, rejuntando miserias para sobrevivir. No era eso lo que él había imagina...

Vueltas

El sol parecía negarse a aparecer. Hacía mucho frío. Hubiera querido quedarse un poco más entre las sábanas. Estamos en mayo, los días se acortan y –entre el frio y la falta de sol- a más de uno le dan ganas de estirar un poco el descanso. Afuera, todo está calmo. Los perros esperan en su refugio a que la casa despierte. Solo queda una jornada más de trabajo y ya podrá irse. Fueron cuatro días de dura faena. Juntar las vacas y llevarlas hasta el potrero, para trabajar con ellas implicó todo un esfuerzo. Lo más complicado fue meterse en esa vega que bordea el río. Andar a tientas, sin saber en qué momento se hundiría entre las bardas, con caballo y todo. Cabalgar, entre esas soledades, es lo que más disfruta. Sin espacio ni tiempo. De vez en cuando, respirar fuerte para espantar la nostalgia. Para no dejar que ese vacío que siente, se llene de recuerdos. Para centrarse y no perder la chaveta, como dicen en el pueblo. Es ese el único esfuerzo que se le exige. Lo demás, parece ya programa...

Aproximación

Vamos a remar un poco, me dice y con eso alcanza. Buscamos los remos, los chalecos y bajamos caminando hacia la bahía redonda,. Allí nos espera nuestro canobote. El día pinta plomizo. No hay viento y eso en si es también una invitación a salir pasear por la bahía. Vamos hacia los caballos, que están pastando en la vega que se forma sobre el borde este, que da sobre el campo de doma. Remamos entre patos, flamencos, coscorobas, cauquenes y otros bichos que eligen este lugar para pasar el verano. Estos son los momentos en lo que me siento más pleno que nunca. En los que, el aproximarme tan amigablemente a la naturaleza, se vuelve una necesidad vital.