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Mostrando las entradas de abril, 2011

Agüero

Es domingo, la tarde apenas comienza, afuera el sol entibia tenuamente la jornada y un pichón de Garza Bruja, hace una pausa frente a casa. Será solo una causalidad o traerá algún agüero...?

Elogio a la fertilidad…

Hay en el noroeste argentino, un amor y un respeto por la pachamama, que a uno lo atrapa. Es un amor religioso que se profesa cotidianamente, en las calles, entre los sembrados y en medio de las soledades más oscuras, siempre está ella. Es un amor que pide perdón por los maltratos a los que la madre tierra ha sido sometida y que agradece la eterna entrega, que da frutos y que alimenta de vida nuestra existencia.

Evadirse

Sumergirse en la realidad, puede -a veces- ser una manera de evadirse de ella..

Mensajes del tiempo

Voy subiendo la cuesta. El paisaje es tan agreste que conmueve por sí mismo. No hay espacio ni distancia comparable. La soledad sumada a la inmensidad, hace que sienta que puedo tocar el cielo con las manos. Ya estoy en lo más alto.  Siento que ha valido la pena llegar hasta aquí, para ver este cielo y estas montañas, en donde me siento distinto a todo lo que he experimentado hasta aquí. Giro y, de pronto, la encuentro a ella, refugiada entre esas mismas piedras en las que sus manos tallan imágenes ancestrales, como aferrada al paisaje. Me acerco, la miro, respiro profundo y es como si me transportara al pasado, a ese tiempo ancestral que late vivo en medio de la quebrada.

Pancito criollo

Hay pancito criollo, me dice, venga acérquese, vamos a tomar unos mates. Cuando se camina por la calle principal de Corral Quemado , el perfume de los hornos de barro lo invade a uno y se activa de alguna manera esa memoria ancestral, que despierta recuerdos de tiempos remotos de una existencia –que por mas que no haya sido real- sigue como alojada en algún lugar de nuestra memoria. El aroma del pan asándose, el de las ramas de jarilla que se usan para cubrir la tapa del horno y ese gustito a copa que tienen los mates cebados, no se consiguen en otro lugar, para disfrutarlos hay que volver -aunque sea de pasada- a este remoto lugar en el norte catamarqueño.

Puertas cerradas

Encontré, en mi andar por Cachi, muchas puertas como esta, bien enmarcadas, prolijas y bien conservadas. Me puse a pensar en cuántas historias habrá detrás de ellas. Me dieron ganas de golpear, para ver si alguien me atendía, pero no lo hice. Claro que uno ve el candado bien puesto de afuera y difícil que alguien pueda abrir de adentro. Debe haber sido eso, lo que hizo que no golpeara, la idea de saber que nadie real me iba a atender o el temor a despertar a algún fantasma, que seguramente espera que mi curiosidad me lleve a su encuentro.