Dice que tengo que ser más desconfiado. Que actuando así, como lo vengo haciendo, no voy a llegar a ningún lado. Que no es que los tiempos hayan cambiado, no. Que la utilería y los escenarios son diferentes, pero los roles y las conductas que estos representan siguen siendo igual de siniestros que en el pasado. La miro y hago como si la estuviera escuchando, como si asintiera o acordara con todo lo que me acaba de decir y le invito un mate, un poco lavado, que ella toma como si estuviera bueno.
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña