Amaneció así Mirando el cielo sentí deseos de volver atrás a ese ayer en el que soñaba con andar cazando amaneceres en la extensa geografía de la que me siento parte, esquivando coirones, libre como el viento.
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña