Afuera llueve. Por momentos de manera torrencial. Esto no es ninguna novedad. Estamos en pleno invierno y por estos lados, en invierno, es cuando más llueve. Tampoco es novedad que esté haga frio. Lo extraño, lo novedoso, sería lo contrario. Dicen que hay lugares en donde no existen las estaciones climáticas. Que da lo mismo el otoño que la primavera, o el verano que el invierno. Me cuesta imaginar un lugar así. No sé si lo soportaría. Debe ser como viajar en un tren que no para en ninguna estación. Un viaje interminable hacía ningún lugar.
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña