Necesitamos desprendernos dejar atrás la masa. iniciar nuestro propio viaje. Aunque sintamos que vamos a la deriva, arrastrados por fuerzas que no controlamos, que nuestro rumbo depende de cómo sople el viento; siempre es mejor desprenderse, pienso, mientras observo el témpano que navega por el lago.
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña