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Mostrando las entradas de agosto, 2010

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Ya es tarde para volver… A veces algo superior nos puede y no podemos luchar contra ello.... Pues no vuelvas... Nada mas sanador que sentir eso de dejarse llevar! Y si es así, no hay necesidad de volver... ¿Volver adonde? Los riesgos de dejarse llevar... Pero... ¿querés volver? Sin permiso... igual que como te fuiste... regresa. Yo me dejo ir con tus imágenes. Las palabras rebotan en su cabeza. Trata de darles un orden, un sentido, de aprovecharse de ellas para armar un camino que le permita salir del pozo emocional en el que se encuentra. Tal vez tenga razón Jasonia , se dice temerosamente, tal vez, ya sea tarde para volver. Siente el peso de los años sobre sus espaldas y es allí en donde esa idea de la fuerza superior, cuya existencia sugiere WinnieO , que nos puede y contra la cual no podemos luchar, adquiere una dimensión concreta y es allí en donde comienza a anidar la propuesta de Ariana   de decidirse a no volver, pero no como una fatalidad o como imposición de un poder ...

No sé

Me dejé llevar. No voy a negar que –aunque sea por un momento- creí en ella. Me tomó de la mano una tarde de esas en la que –aunque llovía torrencialmente- yo sentía el sol sobre mi piel. Debe haber sido el calor de sus manos, o la forma en que me miraba, o la firmeza de sus palabras. Me dejé llevar y a hora no sé como volver.

Todo

Ya va a volver, siempre hace lo mismo, ya va a volver, pensaba, mientras miraba el noticiero de la media noche ¿Adonde va a ir? Vació la tercera o cuarta botella de cerveza en el vaso y depositó la botella sobre la mesa ratona ¿Como va a decir que no pasa nada? ¿Acaso depende solo de mí? Y pensar que siempre me decía: vos sos todo para mi, mi amor, sos todo lo que tengo en la vida…

Nada

Estas molestas por algo, preguntó él. No, dijo ella y siguió tecleando palabras sin sentido en su computadora. El bajó el volumen del televisor. Me vas a decir que no te pasa nada, insistió, ya un poco molesto. Si, dijo ella, es eso, me pasa nada y estoy como cansada de eso, que ya no pase nada. El portazo hizo temblar al departamento y él solo atinó a subir el volumen del televisor.

Soledad

¿Podes creer? Es todo para nosotros. Cuando me ofreciste un viaje a la soledad nunca hubiera imaginado encontrarme con algo así ¿Seguro que no va a venir nadie a sacarnos de aquí? No lo puedo creer, volvió a decir y él siguió en silencio, esperando que ella se cure de esa necesidad de hablar. 

Volar

Anda vos. Yo preparo unos mates y espero, dijo ella. Dale,   no es tan difícil como parece, contestó él, tratando de entusiasmarla. No, no, prefiero quedarme aquí, a ras del suelo. Yo no te niego a vos el derecho a volar de vez en cuando, pero no te olvides -que en una pareja- siempre es bueno que alguien tenga los pies sobre la tierra.

Rutina

No está convencido de lo que va a hacer. Tal vez ese sea el problema. Algo le dice que esta vez debe esperar un poco.  Termina el café de un sorbo y se queda mirándola a los ojos, como esperando que ella le diga algo. —No lo tomes a mal, pero estoy cansada de que siempre me salgas con lo mismo —dice ella, con los ojos puestos en la taza de café, mientras hace girar la cucharita de un lado para otro. Él piensa en pararse, en irse sin decirle nada, dejarla sentada sola jugando con su cucharita en la taza de café. Entonces ella levanta la vista, lo miró fijo a los ojos, como solía hacerlo cuando iba a decirle algo importante y con una sonrisa indulgente le dice: —Está bien querido, no vayas, en club no te van a decir nada, en los cuarenta años de casados que llevamos nunca faltaste a la reunión de los viernes, ya es hora de que comiences a romper con tus rutinas.

Caprichos

Es un capricho de la naturaleza, dijo la madre ¿Y nadie le dice nada? Preguntó la hija, acostumbrada a que la reten por caprichosa.