Llevo varios días tratando de construir una imagen. Hay formas que se escurren como el agua de las manos, que no se dejan moldear, pero que están y que uno, a veces, hasta sueña con ellas. Cuando me pasa esto, suelo buscar en el silenció la oportunidad para tratar de ver mejor, para desentrañar el porqué de esa imposibilidad que me apabulla Como si estuviera pescando. Si, creo que es eso lo que hago. Me quedo en la orilla de mi existencia, en silencio, mirando el mar, mientras imagino que de sus profundidades, vienen hacia mí, esas imágenes que necesito construir, para darle un poco de sentido a este tiempo que me toca vivir.
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña