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Relación (final)


Llegó apurada al aeropuerto. La empleada de la aerolíneas le puso mala cara. Solo equipaje de mano, aclaró y le pasó su documento de identidad. 13C y ya están embarcando por puerta siete dijo la empleada, como recordándole que había llegado tarde. Apuró el paso y escucho que por el altavoz la nombraban. Subió al avión y caminó hasta su lugar. Le costó acomodar el bolso de mano en portaequipaje, pero pudo hacerlo. Hola ma, me voy unos días afuera, cuando vuelva te llamo, todo bien, escribió en un mensaje de texto, lo envió y apagó el teléfono.  Abrió la cartera y revisó de nuevo al vouchert del hotel. No había sido complicado hacerlo. Apenas tuvo la confirmación del destino que ese hombre buscaba, mientras emitía los boletos y confirmaba el hotel para él, -casi simultáneamente- confirmo su pasaje y su alojamiento, en el mismo vuelo y en el mismo hotel. Sentado en la butaca sobre ventanilla, un hombre de unos cuarenta años, leía un libro. Y si es este, pensó, no, no creo, sería demasiada casualidad. Levantó la vista y vio a muchos hombres más que parecían viajar solos. Tengo que estar tranquila, se dijo para si misma -mientras el avión comenzaba a moverse en la pista- no estoy huyendo de nada, ni de nadie, solo estoy tratando de cumplir con ese deseo que siempre albergué, eso que me mantuvo de pie hasta en los momentos más complicados, eso que me pide, me suplica y incluso a veces me exige, decidirme a salir a ver si me puedo encontrar de una vez por todas en esta existencia. No alcanzó a escuchar las indicaciones de seguridad de la azafata y se durmió profundamente.

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