Ir al contenido principal

Solito

No pienso decir lo que pienso. Elijo el silencio. No creo que sea el momento. Y, si existiera un momento, no quiero encontrarlo. Me muerdo los labios y aguanto. Elijo esperar. Darle al decir, de tantas cosas sin sentido, un descanso. Hacerlo voluntariamente sin necesidad de que nadie me tape la boca. No sé bien porqué lo hago. Cuando lo pienso un poco, una duda revolotea por mi cabeza, tentadora y deseosa de quebrar mi voluntad. Pero no lo hace, me deja así. Se cansa y se va a sembrar la duda a otro lado. Yo la dejo ir. Ya volverá, me digo y me quedo, solito, pensando.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

A veces

Hay esperas que calman. Y hay veces en los que, la calma, nos desespera…

Padre cielo XIV

A mi izquierda, un catedral natural se deja ver. Me impactan sus formas, sus colores y la proximidad a ella. Los pasos ahora son más lentos y me detengo en tramos más cortos.  Madre roca, padre cielo, hermano de mi vigilia quiero ser cerro, para ganarte en alturas de piedra eterna, quedando siempre de pie sobre la tierra , dice el poeta de la patagonia en la última estrofa de Chaltén y su melodía me envuelve para darle a este momento un carácter casi místico.

Sabor amargo

Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...