Es como si se estuviera apagando, como si –a medida que
pasan los días- hubiera alguien que la fuera borrando. El poder verla así,
cuando amanece, me impone cierta nostalgia por eso que no se alcanza ver pero
que indiscutiblemente está. Se me ocurre pensar que tal vez nos hemos
acostumbrado tanto a su menguar y a su volver a crecer, que nadie duda que se vuelva
a completar. Me incomoda ese acostumbramiento. Prefiera empezar el día pensando
que quizás esta sea la última luna que vaya a ver, que esta noche la humanidad
se desayunará con la noticia de que ya no está. Por eso decido quedarme contemplando
su pasar mientras comienza a clarear.
Cuando reflexionamos sobre las cuestiones a tener en cuenta a la hora de formular proyectos sociales que puedan ser considerados exitosos en términos de impacto, surge con nitidez la necesidad de repensar sus componentes básicos. Toda intervención social debe tener: Un proyecto claro y con objetivos bien precisos. Líderes que lo lleven a cabo. Ciudadanos que participen. Recursos económico-financieros, humanos y tecnológicos. Un programa estricto de acción. Un tablero de comando que permita saber cómo tomar decisiones concomitantes. 1. El proyecto En la mayoría de los casos los proyectos no tienen claramente prefijados los objetivos que persiguen debido a que son muy generales o porque fueron concebidos en función de las necesidades de los firmantes de los presupuestos. Tanto en el ámbito público como en el privado, tanto a nivel de la micro-región como de la cooperación internacional, son los decisores de presupuestos los que definen la problemática a atender, pero casi siempre con una...
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