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Mostrando las entradas de enero, 2015

Mandamientos

Caminar despacio, dejando en cada paso un instante de esa eternidad que nos prometieron y que hoy presentimos como falsa.  Olvidarnos del paraíso como el premio que le toca al que, religiosamente, no se aparta de los milenarios mandamientos.  Sentir el temor, no tanto a perder la senda del buen camino, sino a ese rezago de culpa que anida en algún lugar de tu conciencia o de tu inconsciencia.  Avanzar, aun cuando todos a tu alrededor imaginan que retrocedes.  Trastabillar.  Caer.  Levantarte.  Renguear.  Volver a caminar.  Parece ser que de eso se trata esto. 

Hurgando

Que se sentía como extranjera en su alma, dijo. Despojada de toda fe y de todo sentido de trascendencia. Que, por otro lado, no esperar milagros la tenía más tranquila y aliviada. Dijo eso y se quedó mirándome fijo, como hurgando en mi interior para encontrar algo de eso que parecía haber perdido. Yo no atiné a decir nada. Sólo tragué saliva al darme cuenta de que también estaba vacío, que por más que revolviera en mis entrañas, no encontraría nada. Y nos quedamos así…

"Las fosas ya están cavadas" de Alberto Chaile

No debe existir soledad más profunda que la que uno siente estando en el medio del socavón; y más aún, si este socavón, por alguna trágica circunstancia, no tiene salida. Sentir y —me animo a decir— presentir que, tal vez, sin darse cuenta, uno se ha estado cavando su propia fosa para quedar ingenuamente atrapado en ella... •Primera edición de 100 ejemplares numerados •Tamaño A6: 10 x 15cm •Tapas blandas liner de 200grs •Cosidos a mano •Impresos en papel bookcel de 80grs El Calafate – Santa Cruz – Argentina Realizado por Ensoñación - taller de encuadernación artístico artesanal-

Batalla

Ella aseguraba que tenía que haber una coherencia entre lo que se pensaba y lo que se escribía. Sostenía también la idea de que ello no estaba en la naturaleza del hombre. Que, por lo tanto, para lograr esa coherencia, había que librar un eterna batalla para no caer en artificios que falsearan el pensamiento genuino que toda persona tenía.  Él, sólo escribía.

Irse

La habitación no era muy grande, pero parecía haberse empequeñecido. Ella se mantenía imperturbable, dándole la espalda, con la mirada puesta en ese cielo encapotado. —A vos te falta profundizar, no podés andar, así como así, haciendo afirmaciones tan livianas —dijo él y se quedó como quien se queda esperando una respuesta. Unas nubes, pesadas y oscuras, arrastradas por el viento que soplaba del oeste, se amontonaban cerrando el horizonte. Ella, como si no lo hubiera escuchado, siguió contemplando ese cielo oscurecido que ahora dejaba caer una fina llovizna. —No vas a decirme nada —insistió él levantando un poco la voz.  —Yo sólo te dije que me daba la impresión que estaba como a la deriva, que sentía que debía buscarle un rumbo a mi vida —dijo ella balbuceante, como si una pesada congoja la estuviera asediando. Después, se acercó a él, le dio un prolongado abrazo y sin decirle adiós, se fue.