¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña
cierto, cierto!...
ResponderBorrarbella foto!
Sí, saber que hay alternativa da mucha tranquilidad.
ResponderBorrarBella entrada
Un abrazo
La cámara un poco más a la derecha dándole más voz a ese madero que asoma me hubiera resultado una imagen perfecta para tu momento perfecto.
ResponderBorrarUn abrazo
adorable contradiccion.
ResponderBorrarun beso
Un momento mágico, sin duda.
ResponderBorrarBesos.
La calma de un buen refugio... preciosa imagen.
ResponderBorrarbesos!!!
Nada mejor que un buen "refugio" a la intemperie. Un gran saludo
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