Acomodó el cuerpo en la butaca, dejándolo caer lentamente,
como si al así hacerlo, evitara algún dolor, de esos que uno le quedan luego de
una larga caminata. Lo hizo también buscando encontrar, en esa butaca, alguna seguridad, esperando tal vez, contener toda esa humanidad, que se percibía tan frágil que la hacía pensar que si –por
esas casualidades- alguien abriera la puerta y dejara entrar una brisa, esa
ligera brisa sería suficiente para terminar derribando lo poco de autoestima
que le había ayudado a salir de su departamento y llegar hasta su trabajo.
Levantó la vista, quizás con la esperanza de que Clarita ya no estuviera más ahí,
pero no, Clarita seguía con sus manos apoyadas en el escritorio, como estableciendo
una barrera, un límite, como bloqueándole cualquier posibilidad de huir de esa
conversación que ella no quería tener y a la que, evidentemente, Clarita no estaba dispuesta
a renunciar. Disculpame, dijo, casi en tono de suplica, pero no ahora no tengo
ganas de hablar, tal vez mas tarde, pero
ahora no. Sacó el manojo de llaves de su cartera y abrió uno de los cajones de
su escritorio, mientras veía como Clarita regresaba a su puesto de trabajo. No
te voy a dar el gusto, pensó, no te voy a dejar hurgar en mis sentimientos como
quien revuelve la basura de otro, no Clarita, a vos no.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
Perder la autoestima....eso es terrible!!! Un abrazo
ResponderBorrarSi se es amigo, uno puede entrar hasta la cocina, para escuchar, ayudar...
ResponderBorrarUn abrazo, Monique.