Acomodó el cuerpo en la butaca, dejándolo caer lentamente,
como si al así hacerlo, evitara algún dolor, de esos que uno le quedan luego de
una larga caminata. Lo hizo también buscando encontrar, en esa butaca, alguna seguridad, esperando tal vez, contener toda esa humanidad, que se percibía tan frágil que la hacía pensar que si –por
esas casualidades- alguien abriera la puerta y dejara entrar una brisa, esa
ligera brisa sería suficiente para terminar derribando lo poco de autoestima
que le había ayudado a salir de su departamento y llegar hasta su trabajo.
Levantó la vista, quizás con la esperanza de que Clarita ya no estuviera más ahí,
pero no, Clarita seguía con sus manos apoyadas en el escritorio, como estableciendo
una barrera, un límite, como bloqueándole cualquier posibilidad de huir de esa
conversación que ella no quería tener y a la que, evidentemente, Clarita no estaba dispuesta
a renunciar. Disculpame, dijo, casi en tono de suplica, pero no ahora no tengo
ganas de hablar, tal vez mas tarde, pero
ahora no. Sacó el manojo de llaves de su cartera y abrió uno de los cajones de
su escritorio, mientras veía como Clarita regresaba a su puesto de trabajo. No
te voy a dar el gusto, pensó, no te voy a dejar hurgar en mis sentimientos como
quien revuelve la basura de otro, no Clarita, a vos no.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
Perder la autoestima....eso es terrible!!! Un abrazo
ResponderBorrarSi se es amigo, uno puede entrar hasta la cocina, para escuchar, ayudar...
ResponderBorrarUn abrazo, Monique.