Es solo una flor más me digo. Pero está ahí, en el lugar indicado, para resaltar sus colores con ese fondo azul que se pierde en la distancia. Y es entonces cuando adquiere otra dimensión. Cuando pasa a ser más que una flor, cuando la empieza a percibir como una composición y a darse cuenta que sin ella, puesta ahí como la podemos ver, el paisaje no sería igual.
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña