En gran parte de mi existencia, el poder mirar fue más que importante.
Ver para creer era la consigna y se respetaba a rajatabla. Por razones que
desconozco, mi vista comenzó a menguar y entonces, el olfato empezó a ser
importante. Te podía respirar en la distancia y saber –sin que medie
explicación alguna- cuando algo olía mal. Últimamente, estoy como más
sensorial. Puedo percibir si hay onda o no. Ya no necesito fijar la vista, ni
aspirar profundamente, solo dejarte venir, y dejar que ese sensor que anida en mí
interior, avise, si puedo contar con vos o si debo cuidarme de vos.
Cuando reflexionamos sobre las cuestiones a tener en cuenta a la hora de formular proyectos sociales que puedan ser considerados exitosos en términos de impacto, surge con nitidez la necesidad de repensar sus componentes básicos. Toda intervención social debe tener: Un proyecto claro y con objetivos bien precisos. Líderes que lo lleven a cabo. Ciudadanos que participen. Recursos económico-financieros, humanos y tecnológicos. Un programa estricto de acción. Un tablero de comando que permita saber cómo tomar decisiones concomitantes. 1. El proyecto En la mayoría de los casos los proyectos no tienen claramente prefijados los objetivos que persiguen debido a que son muy generales o porque fueron concebidos en función de las necesidades de los firmantes de los presupuestos. Tanto en el ámbito público como en el privado, tanto a nivel de la micro-región como de la cooperación internacional, son los decisores de presupuestos los que definen la problemática a atender, pero casi siempre con una...
Todo cambia! un beso
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