El animal yace ya sin vida a un costado del camino. Mi cuerpo siente el viento frío que viene del oeste. Los cóndores descienden armoniosos sobre la estepa como si nada ni nadie pudiera perturbar o interferir en el banquete que les espera. Si no fuera por el frío podría quedarme horas parado contra el alambrado observando esta escena que de vez en cuando nos regala la naturaleza.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
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