Dicen que pronto nevará. Que la nieve que caerá será tanta que borrará de un plumazo al otoño. Que el invierno está ahí nomás golpeando la puerta, exigiendo, en un acto apresurado y loco, anticipar su llegada para blanquear este dorado paisaje que mis otoñales álamos pintan despreocupados de cualquier pronostico.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
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