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Facón Grande

Cuatro tiros y a la zanja ya lo dijo el coronel no sabe que hay una tumba que lo está esperando a él que lo está buscando a él, dice el estribillo d e l tema que el Gato Osses  compuso para Facón Grande, , el gaucho entrerriano que lideró en la zona de Jaramillo las huelgas obreras de 1921 y que se entregó al Ejercito Argentino -junto a una peonada- para  terminar fusilado de manera cobarde y traicionera.   Si uno viene por la ruta, en el desvío a Puerto Deseado, encontrará el monumento que se levantó en su memoria.  En La Patagonia Rebelde, la película que Olivera hizo en base al libro de Osvaldo Bayer, Federico Luppi representa el personaje de José Font y como suele decir Osses, el personaje termina desplazando a la persona que fue, ya que queda claro que el artista tomo la imagen de la película para realizar la obra.  No se si será importante saber que los gauchos por estos lados -donde los vientos suelen volar hasta los techos de las casas- no usaban s...

Historias Mínimas

Una liebre se cruzó en la ruta. No pude esquivarla. El golpe rompió el radiador. Un remolque llevó el auto hasta Puerto San Julián. El mecánico me dice que al radiador hay que encargarlo a Bahía Blanca. Es fin de semana, con suerte llegará en tres días. Así son las cosas en muchos lugares de nuestro país. Uno siente la distancia también en estas cosas. Voy a seguir en bus. Saco pasaje y en una hora parto hacia Caleta Olivia. Los trescientos cincuenta kilómetros que nos separan de la costera ciudad parecen eternos. La meseta patagónica se deja sentir en toda su plenitud. El paisaje es uniforme y la Ruta 3 una línea recta al infinito. Lugar de inspiración para el director de cine  Carlos Sorin , que dio cuenta de esta realidad en la película  Historias Mínimas . Por suerte cargo entre mis cosas el mp3. Me acomodo en las siempre incomodas butacas y dejo que Pappo me acompañe con su  Ruta 66 .

Sueña con piratas

Ya estoy en San Julian. Es de noche y debo esperar hasta mañana para ver como sigo viaje. Dejo mi bolso en el hotel y refuerzo mi abrigo para salir a caminar. Una ligera llovizna   me acompaña y hace que la soledad que se vive en la calle principal sea menos soledad. Voy de a poco acercándome a la costa de la bahía en la que Magallanes ancló sus naves en mil quinientos veinte. Aquí se encontró con los habitantes naturales del lugar y comenzó el mito de la Patagonia. Aquí se rezó la primera misa cristiana en suelo argentino. Aquí, el navegante debió soportar una sublevación que neutralizó mandando a descuartizar a sus cabecillas. Aquí estoy varado por una liebre, caminando, en busca de un plato de mariscos que compense mi imprevisto. Voy contemplando sus construcciones y recuerdo que por aquí pasó el famoso pirata inglés Francis Drake y el por entonces joven naturalista Charles Darwin. Apuro un poco el paso cuando comienzo a sentir que el frío se deja sentir. Sobre la costanera pu...

Cuando salgo a andar

Cuando salgo a andar, lo hago convencido de que voy a llegar. Si la ruta es conocida, como en este caso, se -mas o menos- el tiempo que voy a tardar. Los casi mil kilómetros que me separan de Caleta Olivia , son un trámite más. Parar a cargar combustible, tomar un café y después solo andar, en las interminables rutas patagónicas. En Puerto San Julián  uno ya siente que esta más del otro lado. La lluvia se hace presente y la tarde da sus últimos manotazos antes de terminar abrazada por la noche. El viaje es apacible, la ausencia de viento hace que todo sea distinto en la Patagonia. Tomo una curva y alcanzo a verla venir. Una libre cruza en diagonal sobre la ruta. El impacto sobre el paragolpe es inevitable. Intento seguir, pero el sensor de temperatura me avisa que las cosas no están bien. Me detengo, levanto el capó y el panorama es desalentador. La base del radiador –toda de plástico- no resistió. Hasta aquí llegué.

Presente XIV

Sentía el sol sobre sus espaldas poniéndose sobre el oeste, allá, sobre la cordillera, que rompía bruscamente con el paisaje de estepa que caracteriza a la meseta patagónica. La amplitud del cielo, las extrañas figuras que las nubes provenientes del pacifico iban formando, las majestuosa figura de los álamos que sobresalen las -aún hoy- en su mayoría bajas construcciones, eran como una invitación a quedarse. Ahora podía entender a sus amigos que decían envidiarla cuando les contaba que estaba trabajando en El 0Calafate, mientras ella solo veía la combi a las mañanas y la cama cucheta a la tarde cuando regresaba. Se acordó de Andrés y hasta imaginó que lo invitaba a que se diera una vuelta por el sur para retomar una de esas tantas conversaciones que a pedido suyo siempre quedaban pendientes. “Que lindo el glaciar, que pena que se esté rompiendo todo”, dijo con un sentimiento de pesar el turista español. Lo miró y esbozó una sonrisa, si es una verdadera pena, le confirmó. Estaba termina...

Presente XIII

Presintió el bajón, trató de reaccionar, afuera el viento era como una muralla que le impedía salir. Por primera vez, sintió una  profunda soledad, la cabeza comenzó a darle vueltas y no tuvo fuerzas para llegar a la cama. A la seis de la mañana, sus compañeras la encontraron tirada en el piso.En el hospital le dijeron que había sido una baja de presión y que estaba un poco deshidratada, tal vez un cuadro de anemia. Le aconsejaron 48 hs de reposo y volver al otro día para ver los estudios. Ahí tomo nota de que había bajado algunos kilos de peso, que para su frágil estructura no era poca cosa. Tuvo que convencer a su madre de que no le pasaba nada grave para que desistiera de viajar a acompañarla. Se  aguantó un sólo día el reposo recomendado por el médico y como también el viento se había tomado un descanso, se abrigó y salió caminar. El boulevard que divide la avenida principal, con sus pinos, invitaba a recorrerlo. A los costados los turistas completaban la jornad...

Presente XII

Y ahora estaba igual, haciendo por cuatro meses un esfuerzo más, pensando en el futuro, se sentía como ausente de si misma, como si el tener su cabeza puesta en metas futuras la hubiera desarraigado del presente. No estaba presente, pensó. Se miró al espejo y no se reconoció o por lo menos no encontró a la Mariana que alguna vez fue, la que estaba siempre sonriente y dispuesta a todo, la que buscaban en la escuela para el centro de estudiantes o para armar las carrozas, la que organizaba los picnic o las rateadas, consentida por su madre que le pasaba en el supermercado algunas medialunas para que fueran al arroyo a tomar mates. No, esa mariana ya no estaba y tampoco estaba la que algún momento imaginó que podía ser: la Licenciada en turismo que recorría exitosamente los lugares más extravagantes del planeta.