Leí -por ahí- que un laberinto es un lugar formado por calles y encrucijadas, intencionadamente complejo para confundir a quien se adentre en él. Lo de intencionadamente complejo para confundir fue lo que más llamó mí atención. Más aún cuando el territorio sobre cual me adentré –imaginariamente- para construir el texto, es el de nuestra provincia. En esa línea de reflexión, lo primero que me pregunté fue: ¿será nuestra geografía social una invitación a perderse, a realizar un recorrido distinto al que haría cualquier buen vecino, haría en otro lugar, sin sentir que, en dicho recorrido, lo que prima es la confusión, el desorden y el caos? Ilya Prigogine, el nobel de química, nos propone ver el caos como la búsqueda de un nuevo orden. Pensado así, sí estamos convencidos de que el orden vigente es injusto o no nos satisface, la búsqueda de un nuevo orden pasaría a ser casi una obligación. El caos ya no sería un problema, sino el precio que lógicamente deberíamos pagar por esa ...