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Mostrando las entradas de mayo, 2010

Cambios

Siempre dijo ser el amor de su vida. Tal vez por eso lo dejó. No estaba preparada para vivir un amor en bajada.

Oveja negra

Es difícil no sufrir, no sentir la distancia con los demás, no pensar en el por qué te ha tocado a ti este camino de soledad Cuál es el precio que se paga por ser diferente, por no confundirse entre las majadas de ovejas blancas, por distinguirse entre tanta uniformidad.  Hay días en los que, en sueños, me veo correteando entre el montón, pero al despertar, vuelvo a mi realidad.  Es ahí cuando me digo: acepta tu destino, haz tu propio camino, vale pena intentar ser uno mismo.

Regalo

Levantarse. Correr las cortinas. Esperar el amanecer. Poner la pava. Encender la computadora. Sentir que el invierno se acerca. Las luces de la ciudad aun sienten la noche. La nube que juega a quedarse. La luna que agradece a esa oscura realidad que le permite seguir iluminada en el horizonte. Los primeros mates me sacan el sueño. No pierdas nunca la capacidad de contemplar y asombrarte de las pequeñas cosas que te regala la vida, me dijo un amigo una vez. 

Marea baja

Me encanta estar en la costa cuando el agua empieza a bajar. Tirar piedras que rebotan -haciendo sapito- y resisten, por un instante, antes de sumergirse en la profundidad marina. Dejar que los sonidos del oleaje -al mezclarse entre las piedras- me relajen. Sentir el encanto embriagante de mar cuando baja. Recostarme en la orilla, cerrar los ojos y sumergirme en un sueño que no puedo contar.

Erosionado

En mi memoria guardo el registro de estos muros cuando recién fueron construidos. Cuatro décadas más tardes, es como si hubieran envejecido. Nada, ni siquiera un revoque, podría disimular las consecuencias que en sus paredes dejaron los vientos patagónicos. La erosión progresiva va limando las frágiles juntas de las hileras de bloques dejándolas sin sostén. Se me ocurre pensar que representan, de alguna forma, las otras construcciones que fuimos haciendo a lo largo de nuestra corta vida. Que son como una metáfora de cómo, la intemperie social que nos caracteriza a los sureños, puede desgastar hasta las voluntades más férreas, haciéndolas tambalear.