Recuerdo que en el 2005 cuando estaba sin trabajo, en cuarteles de
invierno como acostumbran a decir cuando te salís del sistema, empecé, en este blog, a hacer catarsis de todo eso que saturaba mi cabeza de realidad. Subía
dos o tres post por día en los que opinaba, críticamente, acerca de las cosas
que nos pasaban. Fue ahí que empecé a darme cuenta, al volver a leerme, que
´-muchas veces- los textos que subía, eran un desastre. Había errores
ortográficos, de redacción y muchas veces, por la forma en que estaban
escritos, no decían lo que me había propuesto decir, o lo peor, no decían nada.
Cuando miro las fotos de los frigoríficos —ese primer intento de desarrollo industrial, que surgió como complemento del oro blanco que representó la lana ovina—, no me pregunto por qué dejaron de funcionar, porque eso tiene relación con factores externos a nosotros. Lo que me provoca —el entrecruzamiento de fotos de “ estas ruinas, impregnadas de la temporalidad” (1) , que reflejan un momento de la ocupación capitalista del territorio—, es pensar en cómo, el abordaje del pasado, puede ayudarnos a entramar los hilos de un futuro que no deja de ser incierto. ¿Son estas fotos un espejo en el que nos podemos mirar para empezar a reconocernos? Ahí se me aparece, Florida Blanca, ese asentamiento español, que -cuando deciden abandonarlo- lo prenden fuego. Imagino al aónikenk observando esa escena. Ellos que eran nómades por naturaleza, que más tarde sucumbieron frente al proceso de colonización de la tierra, tratando de entender, el porqué de esa destrucción. Pienso tambien en los ...

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