No resulta fácil explicar por qué te levantas a las cuatro
de la mañana y te pones a escribir. Tu mujer te mira raro. Tus hijos te dicen
que te agarró el viejaso. Más difícil aún es tratar de explicar que estas
escribiendo un cuento y que justo, a esa hora, se te apareció un personaje que
podría darle a tu historia algún sentido.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.

Comentarios
Publicar un comentario