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Un viaje interminable

Afuera llueve. Por momentos de manera torrencial. Esto no es ninguna novedad. Estamos en pleno invierno y por estos lados, en invierno, es cuando más llueve.  Tampoco es novedad que esté haga frio. Lo extraño, lo novedoso, sería lo contrario.  Dicen que hay lugares en donde no existen las estaciones climáticas. Que da lo mismo el otoño que la primavera, o el verano que el invierno.  Me cuesta imaginar un lugar así.  No sé si lo soportaría.  Debe ser como viajar en un tren que no para en ninguna estación o o llevar una  vida como un viaje interminable hacía ningún lugar.

Cazando amaneceres

Amaneció así Mirando el cielo sentí deseos  de volver atrás a ese ayer en el que soñaba  con andar  cazando  amaneceres en la extensa geografía  de la que me siento parte,  esquivando coirones,  libre como el viento.

Pausa

Nostálgico extraña el viento.  Teme que la quietud  s ea sólo un síntoma  de congelamiento  de la realidad  que a veces  por anodina lo aplasta.  Desesperado, revisa en los bolsillos, no encuentra nada  que lo saque  de esa pausa.  Se siente como si estuviera metido en una película que otro decidió no seguir viendo. 

Salida

Permanece con los dientes apretados, necesita hablar con alguien. Los muertos también traicionan, piensa y hace una arcada, como si fuera a convulsionar. El enfermero ni lo mira. Tiene toda su preocupación puesta en completar una planilla antes de entregar el turno. Es de madrugada y él sabe que esa es la hora predilecta de los traidores. Esperan el sueño profundo de sus víctimas para delatarlos. Y los sueños más profundos son al amanecer. Debo mantenerme despierto, dice medio balbuceante. La mujer que viene a hacerse cargo de la guardia no parece enfermera. Recibe la planilla y hace un paneo con la mirada de la sala fría en donde puede ver a los tres pacientes que entraron esa noche. Detiene su mirada en él, O por lo menos eso parece desde donde él la mira. La sala tiene una sola salida, piensa y se queda dormido.

Un lugar

Fui al hospital a visitarlo apenas me enteré de su estado.  El frío parecía arraigado en las paredes de la habitación en la que lo habían internado —No todos saben cómo hacerse un lugar en este mundo —dijo y se refregó pensativo el mentón— y yo, no sólo no sé, sino que, nunca me propuse hacerme un lugar -agregó en un tono, pausado y reflexivo, que no acostumbraba a usar.  Después hizo un largo silencio que yo acompañé indulgente. Pensé en decirle que lo entendía, pero que eso no era razón para se propusiera terminar así con su vida, pero no lo hice. Me quedé callado. Cuando se durmió, me paré y me fui, pensando en cuál será mi lugar en este mundo.  

Garza o bruja

Cuando veo una garza bruja me pregunto, cuánto tendrá de garza y cuánto de bruja. Quieta, camuflada entre los arbustos que crecen en la costa de la bahía, con esa mirada desafiante e inmutable, parece mostrar a la bruja.  Contemplarla así me vuelve vulnerable. Imagino que su embrujo podría sortear cualquier defensa que haya construido, incluso, atravesar mis sueños más inquietantes. Cuando levanta vuelo, se manifiesta, de manera mas concreta, la inocente garza que también es, sobre todo cuando despliega sus alas como si no albergara en ellas un hechizo inquietante. No sé cuál de ellas, si la garza o la bruja, hace que presienta cosas que no son para contar en este momento.

Repetirse

Repetir era la única manera de aprender que nos ofrecía la escuela. Estudiar de memoria y repetir era, y tal vez lo siga siendo, la forma de avanzar en el sistema educativo, con la esperanza de, algún día, ser alguien en la vida. No fui un buen alumno en ese sentidos, ni en otros que no viene ahora al caso recordar. Es más, en la secundaria, me pasé de rosca y repetí un par de años en los que me negué a presentarme a los exámenes que el sistema de ofrecía para –en caso de aprobarlos- pasara de año. No me acostumbré nunca a repetir. Y no sé bien porqué, pero, últimamente, el tema me empezó a dar vueltas. Sueño que me repito incansablemente en uno de los tantos roles que he desempeñado en esta vida; roles que –no sin esfuerzos- he ido abandonando sistemáticamente. Repetirse es morirse, leí alguna vez. Pero no es la muerte lo que me preocupa.