Ir al contenido principal

Bajo el silencio IV

Si miramos hacia el sur, en el medio de un faldeo, sobre la ladera del cerro huiliche, aparece un Puesto de la estancia. Parece abandonado. Pero no, cualquiera sabe que para estas grandes extensiones de campo, los puestos son claves para resguardar el ganado y evitar el abigeato, tan común en estos establecimientos cercanos a las poblaciones.

Comentarios

  1. Sigo sosteniendo lo que te habia dicho en el post anterior... me imagino viviendo en esa casa en medio de la nada y me da cosita...
    Tan lejos de todo... pero es verdad, es cierto que se debe cuidar del ganado...
    Besos cielo!!!

    ResponderBorrar
  2. Me gusta disfrutar de la naturaleza cada vez que puedo y ese olor a hierba mmmmm me quedaría allí eternamente.....

    ResponderBorrar
  3. yo ando re- perdida ( no es novedad eso), sos del sur, o lo estás recorriendo? Mucha paz, qué lindooooo

    ResponderBorrar
  4. Soy del Sur y siempre que puedo salgo a recorrerlo...

    ResponderBorrar
  5. echo de menos unos arbolitos junto al refugio

    ResponderBorrar
  6. La vista es muy bonita, pero ver esa casita ahí en medio, me produce una sensación de soledad infinita
    Besos

    ResponderBorrar
  7. Sur del alma....

    Saludos y un abrazo enorme.

    ResponderBorrar
  8. parece ser q el sur interminable. así nos lo demuestran tus fotografías y texto. en algún punto se agotará el sur?

    abrazo!

    ResponderBorrar
  9. Este paraje parece
    un poco inhóspito.
    Pero la soledad
    deseada también
    puede ser querida.

    Un fuerte abrazo

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Sabor amargo

Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...

Olvido VI

Ella miraba por la ventana. Los rayos iluminaban su rostro y dejaban ver su silueta debajo del camisón blanco. El permanecía sentado en su cama. Su cuarto, en el que había pasado toda su vida, conservaba cada uno de sus recuerdos. Un par de escarpines, que su madre colgó un día en la puerta. El disfraz del hombre araña desplegado sobre una de las paredes. La patineta, que tanto le gustaba usar y con la que un día –al derrapar sobre una cornisa- terminó con un brazo quebrado. Allí estaban, como testimonio de cada momento importante que le había tocado vivir. Todo siempre ordenado, aún hoy -cuando ya había cumplido veintiocho años- por su madre. Ella sonreía. Como agradeciendo el momento que estaban pasando. El, no podía dejar de pensar en como explicarle a sus padres, quien era esa desconocida que ocupaba –casi desnuda- su cuarto. Entonces sintió que llamaban a su puerta ¿Estas bien hijo? Preguntó su madre. Y despertó. Miró a su derredor y todo estaba como si no hubiera estado soñando, ...

Certeza

¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.