Ya en su casa, preparó un café que nunca llegaron a tomar. Él decía que no había una ola igual a otra, que en el sonido del agua deslizándose entre las piedras, uno podía percibir una de las composiciones más hermosas que el oído humano hubiera escuchado jamás. Que había probado estar una hora escuchando y después dos, y tres y cuatro, hasta seis horas sin que se repita una nota igual. Que el director de esa gran obra, era seguramente alguien muy sensible, para construir esa armonía musical con agua y piedras.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
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