Después, todo pasó muy rápido. Cuando pudo enfriar la cabeza, ella ya estaba sentada en la mesa de su casa. Su madre preparaba el almuerzo. Su padre leía el diario. El, nada, solo trataba de explicarse que había pasado. Como un trampolín, la vida no le había permitido detenerse ni un minuto a pensar. Ella, lo esperó –una tarde- en su departamento de veinte metros cuadrados en el barrio de caballito. Lo nuestro va a ser para siempre le dijo, con un convencimiento, que él, solo pudo mover la cabeza, confirmando lo que parecía indiscutible. Quiero terminar mi carrera, me falta un año, recibirme y después nos casamos, formamos una familia y no nos para nadie, insistió ella. El, la recorría con sus dedos por la espalda y cuando iba a esbozar uno de sus tantos pensamientos, ella lo interrumpía con alguna de sus tantas certezas. Quiero conocer a tus viejos. Mis tíos se van a poner muy contentos cuando les cuente. Un año pasa rápido y ahora que vos vas a estar conmigo, estudiar me va a resultar más fácil. El no había pensado en casarse, ni en llevarla a su casa, ni se le cruzaba por la cabeza en conocer a sus tíos, pero asentía, cada comentario de ella. Mis padres fallecieron cuando yo tenía ocho años, dijo ella, mientras buscaba la forma de hacerse un bocado de los tallarines caseros que la madre de él preparaba todos los domingos como un ritual religioso. Fue en un accidente de transito, cerca de Colon, chocaron con un tractor. Nadie la interrumpía. Me criaron mis tíos, a ellos les debo todo, son muy buenas personas.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
Disfruto de tus imágenes. Increíbles. Me quedo leyéndote.
ResponderBorrarLa fotografia es IMPRESIONANTE. Besos
ResponderBorrarmás que un trampolín esto me parece una cuesta abajo...sin frenos
ResponderBorrarque no se te olvide decirle de esa soledad que se siente cuando no se interesan por nuestros pensamientos!
ResponderBorrarabrazo
y que tan bien pintas en esa imágen que se lleva comentario aparte!
ResponderBorrarHay veces que te dejan con la boca abierta y por más que uno intente no sale palabra alguna...y cuando no te escuchan despues es peor!! asi empiezan las distancias, cuando uno siempre calla!!..
ResponderBorrarUn abrazo!!