Ella lo mira desde la emplanada. No lo entiende pero lo acompaña. Lo observa como quien cuida a alguien en la distancia, como dejándolo hacer su juego. Ella no ve el mar, ni las olas, ni siente las vibraciones que él dice sentir. A ella si le gusta ver a las gaviotas pescar, a los lobos marinos nadando por la costa, a los cormoranes que se posan sobre el muelle petrolero. También disfruta mucho el quedarse contemplando los buques que esperan su carga cerca de la costa. Se pasa muchas horas, con su cámara fotográfica, registrando cada uno de esos momentos.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
Qué sensación más placentera...bss
ResponderBorraramar el mar...al mar amar. Hermosa ilustración y relatito. Saludos!!
ResponderBorrarQue te dejen hacer lo que deseas es una gozada.
ResponderBorrarPero nunca obligaría a nadie a acompañarme a sitios en los que no disfrute, prefiero salir cada uno pos su lado y encontrarse despues para contarse.
Ella vale mucho.
Creo que él debe saberlo.