Cuando
pongas tus pies sobre la tierra, recién ahí, tus cosas van a empezar a
funcionar, me dice mientras hace girar la cucharita en la taza de café como si
lo estuviera endulzando. Pienso en decirle que puede que tenga razón, pero que
aquí, en medio de esta mole de cemento, tengo pocas probabilidades de encontrar un espacio en el que decidirme a aterrizar
mí existencia.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.

Antes de poner los pies en la tierra es muy conveniente elegir bien el lugar en el que hacerlo.
ResponderBorrarMe gustan tus textos. En tan pocas líneas dices mucho y das mucho para pensar.
Un abrazo