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Mostrando las entradas de abril, 2010

Partir

Me fui del mar a la cordillera. Dejé sus costas saladas en las que crecí, para asentarme frente al dulce oleaje lacustre. Me fui sin saber como sería volver. Volví sin saber que parte de mi sigue aquí, que nunca partió.

Paciencia

Se necesita tener paciencia y ganas de mantener el fuego constante, me dice y levanta con sus dos manos la bota de vino con la que humedece su garganta. Si hay mucho fuego, corres el riesgo   de que se queme por fuera y quede crudo por dentro. Arrima un par de leños que encienden lentamente. Hay que estar atentos y no descuidarse. Mientras gotea grasa de los garrones, la cosa, va bien, pero no puedes confiarte.

Cielo de otoño

Miro el cielo de otoño y me queda claro que es de otoño, no por el cielo mismo, sino por las hojas amarillas de los álamos. Debe ser esta –de todas las estaciones- la que más me contagia de nostalgia. La que me dispone a caminar más lento. A contar mis pasos. A intentar demorar, de alguna forma, que el otoño me llegue a mí. Pero es   también, la que más me calma. La que me permite contemplar -sin prejuicios- la belleza de este cielo.

Conservar

Todo lo que alguna vez imaginé, me parece poco. No se si será el paisaje de fondo o el frío otoñal que acaricia nuestras almas, pero no recuerdo haberte sentido tan cerca. No necesito trinar. No necesito volar. Quisiera –tal vez egoístamente- conservar de alguna manera este momento. Detener el tiempo. Darle a mis sentimientos una tregua. Despejar las angustias que el futuro siembra en mí, para pensar -por un instante- que esto puede ser siempre así.

Pasado

Horno da barro, confundido en la montaña, disimulas tu existencia. Te mantienes aferrado a la tierra que te dio vida. Los   fantasmas de un pasado que resiste, juegan en tu interior y llaman al fuego que te enciende para alimentar esperanzas...

Barrer

Es temprano. La ciudad está convulsionada. El rally comienza a atravesarla. El mundo sigue -por todos los medios- el transcurrir de la carrera. Parece imposible estar ajeno a un acontecimiento de tanta magnitud. Ella, no ha sido anoticiada o no ha querido enterarse. Barre la vereda pausadamente. Su ritmo, se acopla al paisaje. No barre, es como si danzara o como si esa escoba se prolongara en sus manos para acariciar a la madre   tierra.

Resuelta

Daba vueltas y vueltas. La seguía muy de cerca. Ella hacia como si no le interesara. Él, imaginaba que un día –así como si nada- sus ojos le regalarían una mirada. Ella, más natural, sentía la proximidad del invierno y presentía su partida hacia lugares más cálidos. Acostumbrada a su cercanía, sentía que su existencia juntos, estaba resuelta.

Certeza

¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.  

Metáfora

Se respira naturaleza. Camino entre los nogales y me dejo arrullar por el canto de los pájaros. Cada paso que doy me impulsa con una energía que en pocos lugares he percibido. Hacia fondo las sierras de los comechingones se muestran con todo su atractivo. Doy unos pasos más y sin previo aviso estoy en medio de un lugar que   me obliga a parar. En mi cabeza dan vuelta imágenes que buscan palabras y siento la necesidad de parar porque siento que esas palabras están a mano en este preciso lugar. Busco entre el follaje un lugar para sentarme y trato de imaginar el momento en el que tantas voluntades sintieron lo mismo que yo y decidieron ponerle nombre a esa extraña costumbre de los hombres de juntar palabras para dibujar sentimientos. La Plaza de los Poetas puedo leer. El paisaje que se observa podría ser una metáfora de cómo –a pesar de la maleza- la escritura sobrevive y crece.

Dudas

El teléfono sonó un rato después de que la ambulancia se llevó al abuelo. Necesito hacer una consulta, dijo el médico que recibió al paciente. Si lo escucho le dije, a pesar de que mi función era solo administrativa. El cuadro es muy complicado, perdió mucha sangre y su hígado está muy dañado. En síntesis, podemos intentar hacer algo, pero con muy pocas probabilidades de que sobreviva. Lo escuché con atención y pregunté que podíamos hacer. En principio derivarlo, me dijo, para lo cual me tienen que dar la autorización y hacerse cargo de los gastos. Por eso nos llama doctor, pregunté. No, no, contestó un poco nervioso, mi duda es si realmente vale la pena destinar la poca plata que ustedes manejan para lo que parece un caso perdido, dijo y no agregó nada más. Fueron algunos segundos en los que a mi mente vino la imagen del interno. Tipo mañoso, complicado y que poco hacia para entenderse con los demás abuelos. Prepare tranquilo la derivación contesté, ya le acerco la autorización y colg...

Ocaso

El ocaso siempre estuvo asociado con el final.  Su llegada, referida a los imperios, políticos, artistas o personas, cualesquiera sean sus circunstancias, representó -de alguna forma- la terminación de un ciclo exitoso.  La puesta del sol anunciando el atardecer ha sido para muchos más que el final del día. Cuando veo el sol sobre el poniente tengo una sensación de goce que en nada se asemeja a esa idea oscura que a muchos atormenta.  Cuando se proyectan  sus últimos rayos   sobre el agua es cuando más seguro me siento de estar conectado con esa extraña armonía que es el universo.

No existe

No existe el día perfecto. Ni la vida perfecta. El paraíso –como nos lo mostraron- debe ser aburrido y tedioso. Es cierto que disfruto mucho de momentos como este, paseando en mi bote sobre la bahía calma, pero el deseo de bajar a tierra es fuerte y no necesito morder ninguna manzana para decidirme a empezar a remar hacia la costa.