Me acostumbré a tomar distancia. No como nos enseñaban en
las escuela cada vez que formábamos fila. No para evadirme de la realidad que
muchas veces me apabulla con mensajes indescifrables. Ni siquiera como un ingenuo
intento de alimentar ese sentimiento ermitaño que me acosa en las mañanas de
invierno. Si, creo, por esa rara necesidad de querer –con mi limitada mirada- abarcarlo
todo.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.

hace un rato que miro y miro esa imágen, sintiéndome cada vez más ese pájaro.
ResponderBorrar"no para evadirme de la realidad que muchas veces me apabulla con mensajes indescifrables; ni siquiera como un ingenuo intento de alimentar ese sentimiento ermitaño que me acosa en las mañanas de invierno, sino por esa ncesidad de querer abarcarlo todo".
así es como es.
saludos, Alberto!
Lástima que la vista no acompañe cuando tomamos la distancia necesaria para abarcarlo todo. Bella reflexión y buen motivo para tomar distancia.
ResponderBorrarUn abrazo
Me pregunto si esa es una manera de tener poco...he comenzado a dudarlo,creo que es tener diferente!
ResponderBorrarBeso