Ese día despertó, puso la pava para tomar unos mates, encendió la computadora, se conectó, abrió la casilla del yahoo y con la cara aun si lavar, leyó “Necesito contactarme con Ud., para considerar su solicitud de trabajo”. El mensaje era muy simple, tenia que presentarse en las oficinas de la empresa ese día para completar sus datos personales y así incorporarse al staff de “Guía de Turismo” con los que la firma operaba en todo el país. ¡Bien Mariana!, grito silenciosamente hacia sus adentros mientras pegaba un saltito y hacia ese gesto triunfador con el puño cerrado. No chequeo el nombre de la empresa, ni cotejó en la carpeta de correos enviados si el contacto lo había hecho ella o lo llegaba a través de los distintos amigos a los que les pedía una mano. Dejó que la emoción la embargara y cuando la alegría estaba derivando hacia las lagrimas sacudió la cabeza, tomó aire y se preparó para salir, ya no como tantas mañanas a la deriva a recorrer agencias de viajes, sino como lo había soñado tantas veces, decidida a obtener ese ansiado trabajo para el que tanto se había preparado.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
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