Ese día despertó, puso la pava para tomar unos mates, encendió la computadora, se conectó, abrió la casilla del yahoo y con la cara aun si lavar, leyó “Necesito contactarme con Ud., para considerar su solicitud de trabajo”. El mensaje era muy simple, tenia que presentarse en las oficinas de la empresa ese día para completar sus datos personales y así incorporarse al staff de “Guía de Turismo” con los que la firma operaba en todo el país. ¡Bien Mariana!, grito silenciosamente hacia sus adentros mientras pegaba un saltito y hacia ese gesto triunfador con el puño cerrado. No chequeo el nombre de la empresa, ni cotejó en la carpeta de correos enviados si el contacto lo había hecho ella o lo llegaba a través de los distintos amigos a los que les pedía una mano. Dejó que la emoción la embargara y cuando la alegría estaba derivando hacia las lagrimas sacudió la cabeza, tomó aire y se preparó para salir, ya no como tantas mañanas a la deriva a recorrer agencias de viajes, sino como lo había soñado tantas veces, decidida a obtener ese ansiado trabajo para el que tanto se había preparado.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
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