Dulce companía

Monopolio

Extraño a algunos amigos. Dejé de estar en contacto con ellos hace ya unos cinco meses. Lo hice voluntariamente. Promediaba una fresca mañana de mayo cuando decidí desactivar mi cuenta de Facebook. Para no tener que dar muchas explicaciones, prometí volver. Marqué la opción en la que se asegura que tal decisión es temporaria. Desde ese momento perdí el contacto con la mayoría de mis amigos. Unos trescientos cincuenta, sí no mal recuerdo. Por fuera de la red sólo conservo el trato con no más de una decena de ellos. El resto quedó atrapado en la realidad virtual, alimentando el perverso monopolio de la amistad que parece estar construyendo Facebook. 

Desprenderse

Necesitamos desprendernos. Dejar atrás la masa. Iniciar en algún momento nuestro propio viaje. Aunque sintamos que vamos a la deriva, que estamos siendo arrastrados por fuerzas que no controlamos, que nuestro rumbo depende de cómo sople el viento; siempre es mejor desprenderse, pienso, mientras observo el témpano que navega solitario por el lago.


Narcisos

Hoy coseché mis primeros narcisos. Contrariamente a lo que suele suceder, este año, empezaron a florecer antes. Corté media docena de flores y las puse en la mesa.  Estarán ahí, dejándose contemplar, por unos cuantos días. Aunque mi gato no piense lo mismo.  

Deseo

A veces me atraviesa -como si fuera viento del oeste- un deseo de no aferrarme a lo que más quiero; de desarraigarme de este árido tiempo en el que la nada se vuelve -cada día que transcurre- aún en más nada; y los pájaros no vuelven a su nido.

Abril

El frío, la humedad, la noche que le roba segundos al amanecer, la quietud que invita a reposar; y los días de abril que se van.
 

Dice

Dice que la gente no ve un tornado, sino lo que éste hace; y que lo mismo nos sucede con determinadas personas...

Eclipse

El sol, la luna, el agua y yo intentando mantener mis pies sobre la tierra húmeda; con mi incapacidad de descifrar este universo y su misteriosa forma de sorprendernos.

Algo de mí

Algo de mí se fue con él. No sé si algún pensamiento, un sentimiento o algún deseo de esos que uno no sabe cómo compartir. Algo de mí se fue con él. No sé bien qué. Sé que me quedé, unos segundos, contemplando cómo se alejaba. Tenía el viento soplando fuerte sobre mis espaldas, como si me empujara a salir corriendo, a carretear para levantar vuelo.


Cocido

Hundió el cuchillo sin odio, sin desprecio, incluso me animo a decir con cierto placer. La sangre brotó densa, pesada, como si antes de salir ya estuviera coagulada. El verla así le provocó repugnancia, asco y por un instante creyó que las náuseas lo iban a desbordar. Pero pudo contenerse. ¡Mozo! -grito desde la mesa, concentrando la atención de todos los comensales- le dije bien clarito que al bife de chorizo lo quería cocido.

Presente

Desperté
en un barco encallado
en el que oscuras ilusiones correteaban fantasmales
jugando con el alma de un destino muerto
Entre oxidadas esperanzas
cansado de remar viento
de marea baja
me sentí heredero
de un pasado glorioso que nunca existió

Pronostico

Dicen que pronto nevará. Que la nieve que caerá será tanta que borrará de un plumazo al otoño. Que el invierno está ahí nomás golpeando la puerta, exigiendo, en un acto apresurado y loco, anticipar su llegada para blanquear este dorado paisaje que mis otoñales álamos pintan despreocupados de cualquier pronostico.


Naturaleza

El animal yace ya sin vida a un costado del camino. Mi cuerpo siente el viento frío que viene del oeste. Los cóndores descienden armoniosos sobre la estepa como si nada ni nadie pudiera perturbar o interferir en el banquete que les espera. Si no fuera por el frío podría quedarme horas parado contra el alambrado observando esta escena que de vez en cuando nos regala la naturaleza.

La nada

Escribir sobre la nada. Dejar que las palabras vayan, desinteresadas de cualquier propósito, poblando la inabarcable hoja en blanco. Contar la historia que no se ve, o que sólo ven esos atentos ojos, de ese par de guanacos, que observan expectantes lo que se les aparece en el medio de esa nada.
Imaginar que no es un click de una cámara fotográfica el que se va a disparar. Imaginar la mira telescópica y al cazador que junta adrenalina y que siente el frío gatillo sobre el tembloroso dedo, dudando en qué momento presionar sobre él. Y dejarlo todo así. Dejarle al lector la libertad de imaginar qué fue lo que pasó.  Si, finalmente, ese inescrupuloso cazador disparó o no. Y si lo hizo, si logró dar en blanco.
O tal vez falló. Tal vez, la imagen, así como se ve, lo perturbó. Le hizo creer que tenía frente a sí a ese ser mítico de dos cabezas, del que tantas historias cuentan los puesteros, y la bala de la carabina se perdió en ese cielo azul, y su retumbar volvió como un eco ensordecedor que vuelve de la nada.