Dulce companía

Damascos

Hay angustias merecidas, pensé alguna vez, como la que sentí ese día en el que, subidos a su planta de damascos,  nos sorprendió el vecino y nos amenazó con acusarnos con  nuestro padre, a la noche, cuando este regresara del trabajo. El vecino nunca apareció. Tal vez lo haya dicho sólo para asustarnos. Pero en ese momento no sabíamos eso. El día se hizo largo. Recuerdo que me la pasé encerrado en mi habitación. Sufriendo, anticipadamente, por el castigo que mi padre nos propinaría. El temor se disipó no bien se apagaron las luces de la casa y todos nos fuimos a dormir. La angustia duró un poco más. Cada vez que alguien golpeaba la puerta de casa imaginaba que era mi vecino el que aparecería.

Lejos

Como si fueran mazazos las decisiones políticas golpean contra los habitantes de este lejano sur. Nada muy distinto a lo que sucede con otras regiones del país. Pero, pareciera que -en nuestro caso-, por estar más lejos, el golpe fuera más duro. Algunos ya preparan sus maletas: así no se puede vivir aquí, dicen indignados. Y es muy probable que muchos se vayan. Ya nos pasó más de una vez que, así como aparecen oleadas de inmigrantes que llegan buscando un mejor futuro, cuando las papas queman, del mismo modo en que llegaron, se van. Y está bien que así sea. Nadie debería ser obligado a quedarse en un lugar que no tiene nada para ofrecerle. 

 

Monopolio

Extraño a algunos amigos. Dejé de estar en contacto con ellos hace ya unos cinco meses. Lo hice voluntariamente. Promediaba una fresca mañana de mayo cuando decidí desactivar mi cuenta de Facebook. Para no tener que dar muchas explicaciones, prometí volver. Marqué la opción en la que se asegura que tal decisión es temporaria. Desde ese momento perdí el contacto con la mayoría de mis amigos. Unos trescientos cincuenta, sí no mal recuerdo. Por fuera de la red sólo conservo el trato con no más de una decena de ellos. El resto quedó atrapado en la realidad virtual, alimentando el perverso monopolio de la amistad que parece estar construyendo Facebook. 

Desprenderse

Necesitamos desprendernos. Dejar atrás la masa. Iniciar en algún momento nuestro propio viaje. Aunque sintamos que vamos a la deriva, que estamos siendo arrastrados por fuerzas que no controlamos, que nuestro rumbo depende de cómo sople el viento; siempre es mejor desprenderse, pienso, mientras observo el témpano que navega solitario por el lago.


Narcisos

Hoy coseché mis primeros narcisos. Contrariamente a lo que suele suceder, este año, empezaron a florecer antes. Corté media docena de flores y las puse en la mesa.  Estarán ahí, dejándose contemplar, por unos cuantos días. Aunque mi gato no piense lo mismo.  

Deseo

A veces me atraviesa -como si fuera viento del oeste- un deseo de no aferrarme a lo que más quiero; de desarraigarme de este árido tiempo en el que la nada se vuelve -cada día que transcurre- aún en más nada; y los pájaros no vuelven a su nido.

Abril

El frío, la humedad, la noche que le roba segundos al amanecer, la quietud que invita a reposar; y los días de abril que se van.
 

Dice

Dice que la gente no ve un tornado, sino lo que éste hace; y que lo mismo nos sucede con determinadas personas...

Eclipse

El sol, la luna, el agua y yo intentando mantener mis pies sobre la tierra húmeda; con mi incapacidad de descifrar este universo y su misteriosa forma de sorprendernos.

Algo de mí

Algo de mí se fue con él. No sé si algún pensamiento, un sentimiento o algún deseo de esos que uno no sabe cómo compartir. Algo de mí se fue con él. No sé bien qué. Sé que me quedé, unos segundos, contemplando cómo se alejaba. Tenía el viento soplando fuerte sobre mis espaldas, como si me empujara a salir corriendo, a carretear para levantar vuelo.


Cocido

Hundió el cuchillo sin odio, sin desprecio, incluso me animo a decir con cierto placer. La sangre brotó densa, pesada, como si antes de salir ya estuviera coagulada. El verla así le provocó repugnancia, asco y por un instante creyó que las náuseas lo iban a desbordar. Pero pudo contenerse. ¡Mozo! -grito desde la mesa, concentrando la atención de todos los comensales- le dije bien clarito que al bife de chorizo lo quería cocido.

Presente

Desperté
en un barco encallado
en el que oscuras ilusiones correteaban fantasmales
jugando con el alma de un destino muerto
Entre oxidadas esperanzas
cansado de remar viento
de marea baja
me sentí heredero
de un pasado glorioso que nunca existió

Pronostico

Dicen que pronto nevará. Que la nieve que caerá será tanta que borrará de un plumazo al otoño. Que el invierno está ahí nomás golpeando la puerta, exigiendo, en un acto apresurado y loco, anticipar su llegada para blanquear este dorado paisaje que mis otoñales álamos pintan despreocupados de cualquier pronostico.