Se me fue el cansancio. Solo en mi respiración que comienza ser más profunda percibo el esfuerzo. Somos varios los que estamos detrás del mismo objetivo. La nieve continúa cayendo tenuemente y uno rayos de sol que se dejan ver tímidamente, me dan la esperanza de que las cosas no se vayan a complicar más. Me cruzo con un grupo que ya está descendiendo. Hola, hola, hola, de nuevo el mismo ritual que a esta altura percibo como un mantra. Los rostros dejan traslucir la emoción. Algunos me alientan a seguir moviendo su mano con el pulgar en alto.
martes, noviembre 24, 2009
Padre cielo XI
Levanto la vista y puedo divisar al borde de la ladera, en lo más alto, un caminante que gira su cuerpo y levanta sus brazos, seguramente festejando el haber llegado y yo interpreto ese gesto como un llamado, como una señal de largada o tal vez como un desafío a mi voluntad que amenaza con terminar doblegada. Inicio la marcha.
lunes, noviembre 23, 2009
Padre cielo X
Llegamos al campamento y un cartel nos indica que faltan solo quinientos metros para llegar a la meta, a partir de ahora, nuestra suerte está echada. Llevamos casi cuatro horas caminando. La jornada ha estado cargada de una plenitud como muy pocas veces me ha tocado experimentar, pero las metas suelen ser así, nos definen en nuestras posibilidades y siempre he creído que uno solo tiene oportunidad de crecer, de escaparle a la mediocridad solo si se propone alcanzar metas que para el sentido común suenan a imposibles.
Padre cielo IX
Ya estamos mas cerca, solo nos queda cruzar ese último tramo de bosque y pararnos al pie de esa muralla natural para evaluar que hacemos. Está siempre presente la idea de que nosotros decidimos cuando parar. Hemos llegado hasta aquí porque así lo hemos querido. Nadie nos puede obligar a seguir si decidimos lo contrario. El último tramo es el que resulta más atractivo, pero a la vez es el de mayor dificultad. Desde allí el sendero sigue en pendiente ascendente de unos cuatrocientos metros de desnivel hasta la Laguna de los tres.
domingo, noviembre 22, 2009
Padre cielo VIII
A los pocos minutos, dejamos el bosque y nos encontramos con el Río Blanco. Un chorillo de agua se deja caer entre las piedras blancas que predominan en su caudal. El pequeño puente improvisado se ve tan vulnerable ante la amplitud que muestra el cauce. Imagino por momentos todo un torrente de agua desbordando desde la montaña como un gigante dormido que despierta de una pesadilla y nos deja escuchar su bramido. Que nos hace saber que aún está vivo. Que todo lo pasado hasta aquí, fue tan solo una pesadilla, que no hay calentamiento global o efecto invernadero que pueda condenarlo a desaparecer.
Padre cielo VII
Poincenot alberga varias carpas. Algunos de los visitantes improvisan un picnic entre los troncos. Los imitamos y hacemos una pausa para consumir nuestra vianda. Nuestra cabeza se enfría y los pensamientos vuelven a ocupar su lugar. Es suficiente, hasta acá llegamos, tienes que tener en cuenta la horas que te llevará el regreso. Por frente nuestro, mientras conversamos sobre que hacer, pasan dos personas mayores que nosotros. No hacen pausa, no consumen su vianda, siguen como hipnotizados hacia la montaña. Nos miramos y medio como coro nos decimos: sigamos, hasta donde lleguemos.
sábado, noviembre 21, 2009
Padre cielo VI
Nuestro andar empieza a cambiar. El ritmo ahora lo impone la naturaleza. Los arroyos que el tenue deshielo alimenta son atravesados por troncos que juegan a ser puentes y que le aportan al transitar la cuota de vértigo que los que estamos acostumbrados al terreno firme sentimos al caminarlo. Y otra vez la misma sensación. La mente que se deja correr como un velo que cede frente a la urgencia de esa energía -que muchos llaman alma- y que en este escenario natural parece querer manifestarse.
Padre cielo V
A no desviarse del sendero Madre e Hija, parece ser la consigna y a uno se le disparan todo clase de especulaciones ¿Que habrá en este trayecto al que han denominado con tanta carga emotiva? ¿Cuantas hijas se habrán sentido interpeladas por esto que no llega a ser una consigna pero que está como latente en la antesala del paraíso? ¿Habrá en el trayecto un sendero hija que decide ser solo sendero hija?
viernes, noviembre 20, 2009
Padre cielo IV
En el trayecto, a medida que avanzamos, comenzamos a encontrarnos con otros caminantes. Hola…Hola…Hola…, es el único intercambio verbal, que nos señala de alguna forma que todos estamos en la misma. Que los distintos orígenes, edades y posibilidades no han sido impedimento para que confluyamos hoy aquí. Que la Madre Roca y el Padre Cielo no entienden –por suerte- de las formas artificiales en las que el hombre a fragmentado el mundo.
Padre cielo III
Llegamos a la Laguna Capri. Hacemos una pausa, para contemplar el escenario. Una ligera brisa nos abraza y provoca en ella un tenue oleaje. Las condiciones climáticas no parecen querer cambiar, todo lo contrario, el andar tiende a dificultarse. Sabemos que el trayecto que nos queda hasta el Campamento Poincenot no tiene tanta pendiente y decidimos continuar.
jueves, noviembre 19, 2009
Padre cielo II
Lo que demora mi marcha, no es el ascenso, son las formas que el bosque nos ofrece. Hay en su interior posturas que –quizás- solo los caprichos de la naturaleza puedan explicar. Percibo gestos a las que no quiero darles el carácter de casuales. Me siento bienvenido a este territorio -en los que se ha trazado un sendero- que me invita a refugiarme en él.
miércoles, noviembre 18, 2009
Padre cielo
El descanso ha sido reparador. El desayuno acorde par afrontar una jornada intensa. Al margen de ello vamos a preparar una vianda, para no exigirnos en las diez horas de caminata que nos esperan. Asomo por la ventana y veo caer copos de nieve que flotan en el aire como ceniza. Es temprano y la temperatura no supera los dos grados sobre cero. Cuando llegue a cuatro grados partimos, digo, como para darme entusiasmo. El cielo esta cubierto por una nube gris y no muestra ningún síntoma de que vaya a cambiar. Teníamos el propósito de caminar hasta la Laguna de los tres para aproximarnos al Monte Fitz Roy. Los setecientos metros de desnivel que tendremos que ascender son –por ahora nuestra principal preocupación. Ya estamos parados frente al cartel que nos indica hacia donde vamos. Para sorpresa nuestra, muchos han partido ya.
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