Desde que renuncié a mi cargo en el gobierno, todo se me había hecho más difícil. Tal vez por eso de que los amigos que uno hace estando en un cargo te duran -con suerte- lo que duras en el cargo y en cambio los enemigos que cosechas, te duran toda tu vida. Pero estaba decidido a incursionar nuevamente en la venta de campos, rubro este que mostraba mucho potencial a desarrollar y efectivamente, a los pocos meses recibí la consulta de un operador que me preguntaba por este campo, que unos amigos me acercaron para que lo ofreciera en venta. Es común atender por estos lados inquietudes de americanos, franceses, italianos y españoles que se interesan por los bajos valores que tienen los campos en patagonia, comparados con la pampa húmeda y que sueñan con hacerse de veinte mil hectáreas de tierra patagónica sacrificando una parte mínima de sus ahorros. Pero esta era la primera vez que atendía a un comprador de nacionalidad chilena, que encima no disimulaba para nada sus diferencias a...
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña