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Mostrando las entradas con la etiqueta Taller con Garzón

Desarraigo II

Desde que renuncié a mi cargo en el gobierno, todo se me había hecho más difícil. Tal vez por eso de que los amigos que uno hace estando en un cargo te duran -con suerte- lo que duras en el cargo y en cambio los enemigos que cosechas, te duran toda tu vida. Pero estaba decidido a incursionar nuevamente en la venta de campos, rubro este que mostraba mucho potencial a desarrollar y efectivamente, a los pocos meses recibí la consulta de un operador que me preguntaba por este campo, que unos amigos me acercaron para que lo ofreciera en venta. Es común atender por estos lados inquietudes de americanos, franceses, italianos y españoles que se interesan por los bajos valores que tienen los campos en patagonia, comparados con la pampa húmeda y que sueñan con hacerse de veinte mil  hectáreas de tierra patagónica sacrificando una parte mínima de sus ahorros. Pero esta era la primera vez que atendía a un comprador de nacionalidad chilena, que encima no disimulaba para nada sus diferencias a...

Desarraigo

La culpa de que la patagonia no sea chilena la tiene Darwin , dijo nuestro circunstancial huésped como desafiando a todos los presentes, porque cuando recorrió estos territorios escribió que esto era un desierto y nada dijo y seguramente nada sabia de que -abajo del desierto, a pocos metros- había petróleo, gas, oro, plata y cuanta riqueza uno pueda imaginar.Todos reímos, no digo festejamos, pero un poco disfrutamos el comentario en tono de protesta que nuestro visitante de nacionalidad chilena realizaba, en su búsqueda de algo que justificara el porque hoy, él tenia que venir y pagar unos cuantos miles de dólares para comprarse un campo de veinte mil hectáreas en la patagonia. La jornada había sido larga, muy tempranos salimos desde Gobernador Gregores , en un camioneta 4x4, decididos a mostrar las bondades de un campo que teníamos en venta y que si todo iba bien, compraría "nuestro amigo chileno" asociado con un renombrado escribano porteño.

Un témpano XIII

El témpano ya no está.  Víctima del calentamiento global, o como resultado de un proceso natural, desapareció de mi vista.  Debí haberle tomado una foto, pienso, para dejar un testimonio de su pasar frente a nosotros.  Una foto, para algún día rememorar que viví en un pueblo, frente a un lago,  por el que navegaban témpanos como naves de hielo milenario.

Un témpano XII

Pero eso ya pasó, hoy de la villa turística quedan muy pocas cosas, el boom inmobiliario post devaluación y el hecho de ser el lugar de residencia del presidente, arrasaron sin contemplación alguna con lo mucho o poco que teníamos de comunitario. Algunos dicen que hoy vivimos en una ciudad, a mi me queda la sensación de estar cada vez mas en un campamento turístico, en donde lo único que no es provisorio es la vocación lucrativa de los empresarios que sembraron hoteles sin ton ni son por todos lados.

Un témpano XI

Todos se reconocían como parte de la villa turística, con sus conflictos, sus inquietudes, sus temores y esperanza. Nos resultó fácil integrarnos a la comunidad en la que sus habitantes tenían, de alguna manera u otra, una historia en común. Estaba la gente del pueblo, con una fuerte impronta rural, descendientes de españoles, turcos, yugoeslavos, chilenos, ingleses y algún que otro argentino, que conformaron a principios del siglo veinte, este paraje rural, que apenas superaba los mil quinientos habitantes en la década del ochenta. Por otro lado, estaban los “plumas verde”, que en su mayoría habían llegado a El Calafate, a principios de los noventas, pequeños y medianos emprendedores turísticos, muchos de ellos profesionales jóvenes en busca de nuevas oportunidades. Cuando a la comuna local comenzaron a llegar los pedidos de terrenos, estos decidieron armar un nuevo loteo, lejos de la cuadricula de veinte manzana que hasta ese momento era el vecindario. La lejanía se graficaba de una...

Un témpano X

Durante mis primeros años en El Calafate, disfrutaba mucho del contacto con lo natural, nuestra casa quedaba a un par de km del pueblo y cuando volvía de trabajar, podía pasarme toda la tarde sin que nada ni nadie interrumpieran la lectura de un libro o la ansiada siesta. En el barrio había tres casas habitadas permanentes y una que ocupaba de manera temporaria conocido actor nacional. Fueron cuatro o cinco años, en los que pudimos apreciar la aventura de vivir alejados del mundo.

Un témpano IX

Estoy sentado frente a mi computadora, levanto la vista y veo el témpano, es apenas un punto blanco sobre el lago color turquesa. Su existencia se desvanece para integrarse a la cuenca lacustre que muchos reconocen como una de las reservas más importante de agua dulce del planeta y por la que muchos profetizan, se libraran batallas en un futuro no tan lejano.

Un témpano VIII

A metros de la bahía comencé hace mas de una década a construir mi casa, sobre una vertiente de agua que confirma aquello de porque el barrio lleva el nombre de “Los manantiales”. Sobre la calle “Las Avutardas” uno puede aun hoy verlas pasearse como si desconocieran nuestra presencia. Lo mismo hacen los teros, que vuelven todos los años a anidar en un terreno baldío, de los pocos que quedan por estos lados o las bandurrias, que se refugian en los patios y se pasean señoriales mientras hurgan con sus picos encorvados entre el pasto en busca de alguna lombriz, El lugar conserva la calma de los primeros tiempos, a pesar de que las múltiples construcciones que se hicieron en estos últimos años.

Un témpano VII

Para septiembre, cuando atempera un poco el frió, el hielo desaparece y el lago que a perdido nivel, se lleva de a poco el agua de la bahia, ayudado por los vientos que en esa época suelen soplar con mayor intensidad y la transforman en un espacio árido, cuyo único síntoma de vida lo conforman los remolinos de tierra y las plantas con abrojos que se adhieren a uno al menor roce. Este es el tiempo también en el que retornan las aves, como los cauquenes , luego de haber recorrido miles de kilómetros hacia el norte escapándole al frío, como lo hacen también, muchos de los que trabajan en el turismo, para incorporarse a la actividad. El lugar adquiere con la presencia de las más variadas aves, un clima de fiesta, propio del apareamiento, en el que los machos se disputan la posesión de las hembras, despertando con sus sonidos la vida y dejando atrás la calma que el invierno le impone a este mágico lugar. Los pequeños matorrales y algún pajonal, sirven de refugio para que las aves construya...

Un témpano VI

Las primeras nevadas cubren con su manto blanco toda la pista de hielo que nos invita -a los que no somos tan amantes del patinaje- a recorrerla caminando. Recuerdo haberla transitado casi hasta el límite con el lago. Cuando el hielo comienza a crujir, uno sabe que ya no puede avanzar mucho más, sin correr el riesgo de terminar dándose una zambullida en las frías aguas. Riesgo que no vale la pena correr, ya que son pocas las probabilidades de ser rescatado en una circunstancia como esa.

Un témpano V

La Laguna Nimez siempre estuvo más cerca del “viejo calafate” como lo llaman ahora. La expansión urbana sobre la bahía empezó a darse recién a fines de los noventa y muy lentamente. Uno de los pasos importantes que marcó un mayor interés de los vecinos por este espejo de agua, fue en el 2001, cuando se construyó al borde de la misma, una casa de madera sobre pilotes. Allí albergaban unos canobotes. Por un par de temporadas resultaron todo un atractivo para muchos vecinos que nos animamos a remar bahía adentro, cuando el nivel del agua lo permitía. Este proceso de suba del agua dura más o menos hasta abril. Luego, el frío comienza a ser protagonista y estas comienzan a bajar y a sentir de manera más permanente el efecto de los bajo cero que caracterizan a la zona. En invierno, con menos agua, la bahía se congela y las aves dejan su lugar para que las familias de la ciudad y algún turista, puedan disfrutar de una pista natural de patinaje de una ciento cincuenta hectáreas.

Un témpano IV

En verano, cuando los deshielos se acrecientan, el lago crece y desborda hacia la bahía -que permanece hasta ese momento prácticamente seca- para cubrirla lentamente con sus aguas. Para este tiempo la mayor parte de las aves que anidan en la zona ya habrán empollado a sus crías. Así se va conformando un espectáculo compartido por teros, cauquenes , bandurrias , cisnes, coscorobas , patos,  flamencos y otras tantas especies que disfrutan de esta guardería que la naturaleza les ofrece generosamente. La bahía, también tiene el status de reserva municipal, pero solo en los papeles, porque no se ven muchas acciones publicas que la resguarden, no solo de los perros que alguna incursión puede hacer un verdadero desastre entre los poyuelos recién nacidos, sino de los desaprensivos “seres humanos” que con sus motos o cuatriciclos, ingresan cuando el agua aun no sube y en una recorrida, destruyen mas de un nido con sus huevos recién puestos. Es cuestión de tiempo me dice un amigo, antes a...

El témpano III

Entre el lago y la ciudad está la Bahía Redonda , un espejo de agua, cuya existencia está sujeta a las variaciones que sufre el lago, mas al este, la  Laguna Nimez que alberga –según dicen los expertos- unas setenta especies distintas de aves y que junto con la bahía son reconocidas como reservas naturales. Por el medio del casco histórico del pueblo cruza el Arroyo Calafate , que desemboca en la bahía con su casi nulo caudal de agua. Este solo adquiere proporciones descontroladas en los meses de deshielo, provocándole a los vecinos ribereños mas de un sobresalto. Pero ese fenómeno solo dura con suerte una semana, luego el caudal disminuye y el arroyo deja de ser noticia. Hasta que algún docente organiza, con los alumnos de la secundaria, su limpieza y levanta alguna consigna ambientalista denunciando la contaminación a la que es sometido, por los que le aportan basura domiciliaria y los deshechos cloacales. O cuando aparece el cuerpo sin vida de algún vagabundo, cuyo hígado...

Un témpano II

A pesar de haber recorrido ya unos ochenta kilómetros, este tiene un tamaño considerable, parece un castillo flotante y su figura va cambiando a medida que avanza impulsado por el viento. Lo tendremos frente a nosotros, con suerte, una semana, hasta que lo perdamos de vista. Seguirá su curso natural, hasta confundirse con las aguas del  Lago Argentino y alimentar el torrente en el que nace el majestuoso Río Santa Cruz , que atraviesa toda nuestra provincia para desembocar en el atlántico.

Un témpano

Un témpano navega mansamente por el lago. Desde mi casa lo observo y pienso en lo poco significativo que nos resulta verlo cruzar frente a nosotros. Como -lo que seria espectacular para cualquier ciudad del mundo- a nosotros no nos conmueve, no nos interroga, ni siquiera se nos cruza la idea de aprovecharlo, de sacarle un poco el jugo a esa posibilidad de vivir frente a un lago por el que en gran parte del año cruzan de oeste a este, bloques de hielo milenario provenientes de los glaciares cordilleranos.