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Desarraigo

La culpa de que la patagonia no sea chilena la tiene Darwin, dijo nuestro circunstancial huésped como desafiando a todos los presentes, porque cuando recorrió estos territorios escribió que esto era un desierto y nada dijo y seguramente nada sabia de que -abajo del desierto, a pocos metros- había petróleo, gas, oro, plata y cuanta riqueza uno pueda imaginar.Todos reímos, no digo festejamos, pero un poco disfrutamos el comentario en tono de protesta que nuestro visitante de nacionalidad chilena realizaba, en su búsqueda de algo que justificara el porque hoy, él tenia que venir y pagar unos cuantos miles de dólares para comprarse un campo de veinte mil hectáreas en la patagonia.

La jornada había sido larga, muy tempranos salimos desde Gobernador Gregores, en un camioneta 4x4, decididos a mostrar las bondades de un campo que teníamos en venta y que si todo iba bien, compraría "nuestro amigo chileno" asociado con un renombrado escribano porteño.


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Certeza

¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.  

Oveja negra

Es difícil no sufrir, no sentir la distancia con los demás, no pensar en el por qué te ha tocado a ti este camino de soledad Cuál es el precio que se paga por ser diferente, por no confundirse entre las majadas de ovejas blancas, por distinguirse entre tanta uniformidad.  Hay días en los que, en sueños, me veo correteando entre el montón, pero al despertar, vuelvo a mi realidad.  Es ahí cuando me digo: acepta tu destino, haz tu propio camino, vale pena intentar ser uno mismo.

Padre cielo XVII

No ha sido fácil levantarse. Las tapas de entrada y el guiso de lenteja rociado con un malbec hicieron lo suyo para que mi sueño tuviera una profundidad que no le conocía. Desayunamos y nos preparamos para regresar. Antes damos una vuelta y nos encontramos con esta hermosa construcción que oficia de templo de Dios. El Dios del colonizador, que ha decretado por los siglos de los siglos la vigencia de este espacio como el lugar en donde lo espiritual puede trascender. El templo artificial a los pies del templo natural. Pienso en todo lo que el hombre a destruido para imponer a su Dios y en lo noble y generosa que se nos ofrece la madre naturaleza como santuario para que nos demos una oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos. Levanto mis ojos hacia la montaña y agradezco, no de rodillas, de pie, este ritual me quiere caminando.