Levanto la vista y puedo divisar al borde de la ladera, en lo más alto, un caminante que gira su cuerpo y levanta sus brazos, seguramente festejando el haber llegado y yo interpreto ese gesto como un llamado, como una señal de largada o tal vez como un desafío a mi voluntad que amenaza con terminar doblegada. Inicio la marcha.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
Que fotos más bonitas pones, y que bien explicado, parece que yo también subo la montaña.
ResponderBorrar¡Ya queda menos para llegar a la cima!.
Un abrazo.
Una explicacion digna del mejor guia posible que no da tantas señas que estoy haciendo el viaje de tu mano.
ResponderBorrarUn placer entrar a leerte y me hice seguidora
con cariño
Mari