Dulce companía

Madre roca

El viento de noviembre amenaza con derribar mis últimos vestigios de optimismo y yo que amo esa canción de Rubén Patagonia que dice que cuando sopla el viento trae fuerzas que se meten en mi alma y estallan en mi garganta, comienzo a sentir la incomodidad de tener que estar encerrado. A pocos kilómetros de acá, El Chalten puede ser una buena excusa para cambiar un poco el aire. Cargamos con mi esposa un par de mudas y partimos temprano como para aprovechar el día. Sobre la ruta cuarenta, un témpano, entrega sus últimos días al lago. Es inevitable parar y quedarse unos minutos contemplando la majestuosidad del paisaje.

3 comentarios:

  1. Qué belleza! Muéstranos más fotos de esa maravilla de paisaje, si puedes!

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  2. Suasana: En este relato vas a poder apreciar muchos pasiajes, este es solo el comienzo.

    Montserrat: Gracias por seguir mis textos con tanta perseverancia.

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