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Madre roca

El viento de noviembre amenaza con derribar mis últimos vestigios de optimismo. 
Y yo, que amo esa canción de Rubén Patagonia que dice que cuando sopla el viento trae fuerzas que se meten en mi alma y estallan en mi garganta, comienzo a sentir la incomodidad de tener que estar encerrado. 
A pocos kilómetros de acá, El Chalten puede ser una buena excusa para cambiar un poco el aire. Cargamos con mi esposa un par de mudas y partimos temprano para aprovechar el día. 
Sobre la ruta cuarenta, un témpano, entrega sus últimos días al lago. Es inevitable parar y quedarse unos minutos contemplando la majestuosidad del paisaje.

Comentarios

  1. Qué belleza! Muéstranos más fotos de esa maravilla de paisaje, si puedes!

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  2. Suasana: En este relato vas a poder apreciar muchos pasiajes, este es solo el comienzo.

    Montserrat: Gracias por seguir mis textos con tanta perseverancia.

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Certeza

¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.  

Oveja negra

Es difícil no sufrir, no sentir la distancia con los demás, no pensar en el por qué te ha tocado a ti este camino de soledad Cuál es el precio que se paga por ser diferente, por no confundirse entre las majadas de ovejas blancas, por distinguirse entre tanta uniformidad.  Hay días en los que, en sueños, me veo correteando entre el montón, pero al despertar, vuelvo a mi realidad.  Es ahí cuando me digo: acepta tu destino, haz tu propio camino, vale pena intentar ser uno mismo.

Padre cielo XVII

No ha sido fácil levantarse. Las tapas de entrada y el guiso de lenteja rociado con un malbec hicieron lo suyo para que mi sueño tuviera una profundidad que no le conocía. Desayunamos y nos preparamos para regresar. Antes damos una vuelta y nos encontramos con esta hermosa construcción que oficia de templo de Dios. El Dios del colonizador, que ha decretado por los siglos de los siglos la vigencia de este espacio como el lugar en donde lo espiritual puede trascender. El templo artificial a los pies del templo natural. Pienso en todo lo que el hombre a destruido para imponer a su Dios y en lo noble y generosa que se nos ofrece la madre naturaleza como santuario para que nos demos una oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos. Levanto mis ojos hacia la montaña y agradezco, no de rodillas, de pie, este ritual me quiere caminando.