Ir al contenido principal

Madre roca

El viento de noviembre amenaza con derribar mis últimos vestigios de optimismo. 
Y yo, que amo esa canción de Rubén Patagonia que dice que cuando sopla el viento trae fuerzas que se meten en mi alma y estallan en mi garganta, comienzo a sentir la incomodidad de tener que estar encerrado. 
A pocos kilómetros de acá, El Chalten puede ser una buena excusa para cambiar un poco el aire. Cargamos con mi esposa un par de mudas y partimos temprano para aprovechar el día. 
Sobre la ruta cuarenta, un témpano, entrega sus últimos días al lago. Es inevitable parar y quedarse unos minutos contemplando la majestuosidad del paisaje.

Comentarios

  1. Qué belleza! Muéstranos más fotos de esa maravilla de paisaje, si puedes!

    ResponderBorrar
  2. Suasana: En este relato vas a poder apreciar muchos pasiajes, este es solo el comienzo.

    Montserrat: Gracias por seguir mis textos con tanta perseverancia.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Sabor amargo

Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...

Certeza

¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.  

Pasado

Horno da barro, confundido en la montaña, disimulas tu existencia. Te mantienes aferrado a la tierra que te dio vida. Los   fantasmas de un pasado que resiste, juegan en tu interior y llaman al fuego que te enciende para alimentar esperanzas...