Dulce companía

Padre cielo VI

Nuestro andar empieza a cambiar. El ritmo ahora lo impone la naturaleza. Los arroyos que el tenue deshielo alimenta son atravesados por troncos que juegan a ser puentes y que le aportan al transitar la cuota de vértigo que los que estamos acostumbrados al terreno firme sentimos al caminarlo. Y otra vez la misma sensación. La mente que se deja correr como un velo que cede frente a la urgencia de esa energía -que muchos llaman alma- y que en este escenario natural parece querer manifestarse.

3 comentarios:

  1. Gracias por pasar por mi lugar y hermosas las fotos de tu ciudad, nos comunicamos si queres...

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  2. Otro encuadre presioso, de un paisaje sin igual. Gracias por tu diario de viaje. Saludos.

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  3. Hola, gracias por tu visita y déjame decirte que es maravilloso tu diario de viaje, nunca fui a Calafate y esas imágenes me encantaron.

    Saludos.

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